¿Cuál es la relación entre las emociones y el comportamiento?

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El asco, el egoísmo y el engaño

Según un estudio reciente, las emociones fuertes como los sentimientos de repugnancia o de rechazo a las cosas sucias, pueden desencadenar una conducta negativa y egoísta en la persona, como mentir o engañar a los demás. Sin embargo, pensar en cosas limpias y nítidas, ayuda a retomar una conducta ética. Entérate por qué las emociones fuertes tienen un impacto importante a la hora de tomar una decisión.  

Un estudio realizado por expertos de Rice University, Pennsylvania State University y Arizona State University examina el impacto que tienen las emociones fuertes en las decisiones de las personas. Según Vikas Mittal, profesor del Jones Graduate School of Business en la universidad Rice y coautor del estudio, la repugnancia (analizada como una emoción) actúa como un medio de autoprotección.

Karen Page Winterich, profesora del Smeal College of Business en la Pennsylvania State University, y Andrea Morales, profesora de la W.P. Carey School of Business en la Arizona State University, participaron también en el estudio, que fue publicado en la revista profesional Organizational Behavior and Human Decision Processes.

Para el estudio, consideraron a 600 personas en los Estados Unidos, con igual representación de hombres y mujeres. Los investigadores llevaron a cabo tres experimentos al azar, provocando la sensación de repugnancia de distintas maneras en los participantes.

En un experimento, los participantes evaluaron productos como medicamentos para la diarrea y para la incontinencia, pañales, y toallas o almohadillas femeninas. En otro, escribieron ensayos sobre su recuerdo más repulsivo. En el tercer experimento, los participantes observaron una escena desagradable relacionada con el uso de una taza sanitaria que estaba incluida en la película Trainspotting.  Una vez que los participantes estuvieron realmente asqueados, se hicieron experimentos con ellos para juzgar su disposición para mentir o hacer trampa a fin de obtener una ganancia. El resultado fue que las personas que sintieron repugnancia estaban más propensas a seguir conductas egoístas y engañosas en una proporción mucho mayor que las que no la sintieron.

Lo que ocurre, según Vikas Mittal, es que cuando una persona siente repugnancia, tiende a apartarse de la situación. El instinto le sirve para protegerse: la persona se concentra en su propio yo y piensa menos en los demás. Entonces empieza a decirse a sí misma: “Si siento repugnancia y me interesa más mi bienestar, y necesito decir una mentirita para obtener alguna ventaja para mí, la digo”. Ese es el mecanismo que la impulsa.

Por otra parte, el estudio también halló que las conductas “limpiadoras” mitigan los efectos de egoísmo que produce la repugnancia.

En otros experimentos, después de inducir la sensación de repugnancia entre los participantes, los investigadores hicieron que evaluaran productos de limpieza, como desinfectantes, limpiadores caseros y jabones líquidos. Los que evaluaron los productos de limpieza no se mostraron más propensos a conductas engañosas que los que sentían una emoción neutral.

Mittal es de la opinión de que si se pueden crear situaciones en las que la repugnancia se mitigue, no se deben experimentar los efectos poco éticos. Y agrega que un modo de reducir la repugnancia es pensar en algo limpio y nítido.  Al traer a la mente imágenes de productos de limpieza (como Kleenex o Windex por ejemplo), la sensación de repugnancia disminuye y con ella la probabilidad de mentir o hacer trampa. Las personas no se dan cuenta, pero esas pequeñas emociones las afectan continuamente.

Sin embargo, el significado más profundo del estudio es que esas emociones fuertes pueden desencadenarse por cosas que parecen inofensivas, como leer un periódico o escuchar noticias en la radio. Y a no ser que les pregunten, las personas no suelen darse cuenta de la repulsión que sienten. La cuestión es cómo hacer que la gente esté alerta y se concientice sobre el proceso de tomar decisiones. Es importante que los jefes y supervisores estén al tanto de ese proceso en los centros de trabajo.

Pero tan importante como esto es a nivel del trabajo, la idea también se puede aplicar al hogar. Cuando una casa se mantiene limpia, los que viven en ella no sienten repugnancia y probablemente no muestren una conducta egoísta. Es, al contrario, es mucho más probable que estén dispuestos a cooperar unos con otros y se mantenga la armonía.

 

Imagen © Thinkstock / Milenko Bokan


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