Si el cáncer te causa dolor, ¡busca alivio!

La mayoría de los pacientes con cáncer se preocupan por el dolor y le temen. Se calcula que un tercio de ellos lo experimentan en algún grado, ya sea leve, moderado o intenso y por diferentes razones. Pero cualquiera que sea la causa, ninguno tiene que padecerlo. El control del dolor es parte del tratamiento y la recuperación del cáncer. Garantiza una mejor calidad de vida y mayores probabilidades de supervivencia. Si tienes dolor, debes contar con el apoyo de tu equipo de oncología para encontrar la solución.

Uno de cada tres pacientes con cáncer que recibe tratamiento experimenta algún tipo de dolor. Y mientras más avanzado sea el cáncer, las probabilidades de sufrirlo aumentan todavía más.

Las causas del dolor

Para algunos pacientes, la causa principal es el mismo cáncer. A medida que un tumor aumenta de tamaño y se extiende, ya sea en el área de origen o en la metástasis, puede ejercer presión sobre un órgano, un hueso o en una articulación ocasionando dolor. En otras ocasiones, puede sentirse cuando el tumor avanza dañando los tejidos y los nervios cercanos a él, o cuando produce sustancias químicas que destruyen el equilibrio en esa área del cuerpo.

Los tratamientos para el cáncer, aunque son necesarios y beneficiosos, podrían causar dolor. La cirugía, por ejemplo, podría ocasionarte dolor en el proceso de recuperación. Por otro lado, la quimioterapia y la terapia de radiación a menudo dañan células saludables ocasionando efectos secundarios dolorosos como quemaduras, lesiones en la boca, nervios dañados (neuropatía), entre otros. A pesar del dolor, es necesario continuar con los tratamientos, pero hablando con el oncólogo para encontrar alivio a esos síntomas.

Los tipos de dolor

Cada persona experimenta el dolor de forma única, con mayor sensibilidad o resistencia al mismo. Pero en términos generales, el dolor producido por el cáncer se divide en los siguientes tipos:

  • Dolor agudo que resulta de una herida o daño a los tejidos del cuerpo, que sigue a una cirugía por ejemplo y que puede tratarse de manera muy efectiva.
  • Dolor crónico o persistente que, por lo general, es más resistente a los tratamientos y causa mayor impacto tanto desde el punto de vista físico como emocional del paciente.
  • Dolor intermitente que puede presentarse como “brotes” de intensidad variada, después de un movimiento, provocado por tos, por ejemplo, u otro evento.

Cómo controlar el dolor

Existen varios métodos para aliviar y controlar el dolor que pueden usarse individualmente o en conjunto para lograr mayor que sean más efectivos. Si la causa es un tumor, la eliminación del mismo (ya sea mediante cirugía, ablación, o tratamientos como la terapia de radiación o la quimioterapia), es la que proporciona el alivio. Pero por lo general, el método más común es utilizando medicamentos. Entre ellos:

  • Analgésicos de venta libre, como la aspirina, el acetaminofén (Tylenol), ibuprofeno (Advil, Motrin, etc.), o por receta en sus dosis más fuertes
  • Analgésicos opioides leves como la codeína
  • Analgésicos opioides más fuertes como la morfina (Avinza, MS Contin), oxycodone (Oxycontin, Roxicodone), fentanyl (Actiq, Fentora), hidromorfona (Dilaudid, Exalgo) o metadona (Dolophine, Methadone)
  • Antidepresivos y anticonvulsivos que aunque no están primordialmente diseñados para controlar dolor, se utilizan con este motivo en casos en que las terminaciones nerviosas se han dañado, como en la neuropatía
  • Analgésicos tópicos que se rocían o frotan sobre la piel y causan efectos secundarios más ligeros que los que se toman por vía oral

Otras formas de aliviar el dolor incluyen bombas para enviar el medicamento directamente a la médula espinal, bloqueo de los nervios, fisiatría (medicina de rehabilitación física) y otras estrategias como masajes, acupuntura, yoga, reflexología, aromaterapia, terapia musical, así como otras estrategias de tipo psicológico y de comportamiento como la meditación y la relajación profunda que ayudan a calmar la ansiedad y la depresión que a menudo acompañan al dolor.

Hay que tener presente que todos estos métodos tienen sus ventajas y sus riesgos y conviene discutirlos con el médico antes de ponerlos en práctica. La radioterapia puede causar ardor, enrojecimiento, decoloración y hasta quemaduras en la piel, pero además, dependiendo del área del cuerpo en que se aplique, puede causar cansancio, úlceras en la boca y/o diarrea. La quimioterapia, por su parte, además de la náusea y la fatiga, puede causar pérdida del cabello, infertilidad, y dejar al paciente más propenso a infecciones, entre otros muchos efectos secundarios potenciales.

Los analgésicos, especialmente los más fuertes, como los opioides, pueden causar estreñimiento, pero éste se puede contrarrestar al aumentar el consumo de fibra, agua, ejercicio y el uso de medicamentos que estimulen el movimiento de los intestinos. El sueño, la confusión y el letargo son efectos que pueden interferir con las actividades de la vida diaria, especialmente con las primeras dosis. Es importante que le reportes al doctor si desarrollas cualquier otro efecto secundario como alucinaciones o cambios en tu comportamiento para que modifique tu medicamento.

El temor a algunos efectos secundarios, como el posible daño al hígado o al riñón o a que el uso prolongado de las medicinas para el dolor les cause adicción, hace que muchos pacientes no hablen abiertamente con su médico y sufran en silencio. En relación a esto, la Sociedad Americana contra el Cáncer advierte:

  • El oncólogo y su equipo pueden ayudar al paciente a manejar los posibles efectos secundarios causados por los medicamentos para el dolor. A veces, basta con cambiar la medicina, la dosis o el momento del día en que se toma.
  • El dolor se debe tratar desde que se manifiesta y no se deben guardar las medicinas más fuertes “para más adelante”, previendo que el cáncer y el dolor empeoren. Aunque es posible que el cuerpo desarrolle tolerancia a los medicamentos, en caso necesario se puede aumentar la dosis o agregar otros medicamentos.
  • Es importante combatir el dolor porque si éste no se alivia el paciente se siente tenso, deprimido, cansado y hasta solitario.
  • El alivio del dolor le permite al paciente mantenerse activo, dormir y descansar adecuadamente, realizar las actividades cotidianas, socializar con la familia y los amigos y evitar la depresión.

No aceptes al dolor como algo “normal” porque tienes cáncer. Si lo tienes, es vital que se lo comuniques al médico. Como otros síntomas, tiene alivio y solución, pero depende de ti pedir la ayuda que necesitas y es muy importante para tu recuperación.

 

Publicación original: 2014

Ultima revisión: 2017

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Imagen © iStock / MaximFesenko

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