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Muchas personas en todo el mundo se quejan de están cansadas de tener que seguir las recomendaciones de los expertos en salud pública. Otras personas por ignorancia o por razones políticas dicen que “no creen que la pandemia es real o que necesitan usar mascarillas”. Lo que es una realidad es que desde hace poco más de un año que se describió el virus SARS-CoV-2 que causa el COVID-19 han fallecido más de tres millones de personas….. Entonces, ¿qué podemos hacer?

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el 22 de abril del 2021, se han infectado 145,018,361 personas y han fallecido 3,078,573 a nivel mundial. Sólo en Estados Unidos, 32,614,266 personas han contraído el virus, de las cuales 583,483 han muerto. Para ponerlo en perspectiva, tres millones de personas equivale a la población total de Caracas en Venezuela, equivalente a Filadelfia o Dalas combinados o de Berlín.

En Brasil, en donde el virus ha matado a más de 381,687 personas, se estima que alrededor de 2,900 personas mueren diariamente. Los hospitales están sobrecargados, las variantes están extendidas por todo el país y el nivel de vacunación es bajísimo. En México, en donde 213,597 personas han muerto debido al COVID-19, se estima que sólo una de cada 10 personas ha recibido la vacuna. En India, en donde el número de fallecimientos por la pandemia es de 186,278, sólo el 7.4 por ciento de la población ha recibido la primera dosis de la vacuna, anunció el mayor número de infecciones nuevas ayer, con casi 315,000 casos nuevos. Aparentemente el cementerio principal de Nueva Deli se está llenando y los crematorios en todo el país no se dan abasto.

Aunque unos países están más afectados que otros, muchos países europeos, como Francia y España, siguen luchando contra brotes nuevos. Incluso en Estados Unidos, a pesar de que con la nueva administración la organización a nivel nacional, los mensajes a nivel federal y la habilidad para conseguir, distribuir y administrar las vacunas contra el COVID-19 han sido muchísimo más exitosos que lo que se había anticipado, continuamos teniendo brotes en algunos lugares debido en parte a la existencia de las variantes de los virus que son más contagiosos. Pero principalmente, debido a que algunos gobernadores estatales relajan las restricciones recomendadas a nivel federal y a la resistencia de algunas personas a seguir las recomendaciones de los expertos en salud pública. Específicamente: se resisten a usar mascarillas, a mantener el distanciamiento social (especialmente en interiores), a evitar congregaciones de grupos grandes de personas, etc. 

Desgraciadamente, entre estas personas también existe desinformación acerca de las vacunas contra el COVID-19. Varios estudios sugieren que la relación entre las vacunas y el partido político refleja la demografía, especialmente en áreas rurales. De acuerdo con unas encuestas realizadas recientemente por la Monmouth University y la Quinnipiac University, casi la mitad de los Republicanos no pensaban vacunarse, mientras sólo uno de 20 Demócratas dijo que no se vacunaría. Las tasas de vacunación permanecieron aún después de tomar en cuenta una serie de factores incluyendo las tasas de infección, la densidad de población y el logro educativo. Aunque la tasa de resistencia para la vacunación fue ligeramente más baja para los Republicanos adultos mayores (5% más baja que el promedio nacional) y para los Republicanos adultos jóvenes (18% más baja que el promedio nacional). 

Un reporte mundial, de 13,426 personas en 19 países, encontró que el 71.5% dijo que muy probablemente se pondrían la vacuna contra el COVID-19. El rango de aceptación varió desde el 90% en los encuestados en China hasta 55% en los encuestados en Rusia. En los EE. UU. la Kaiser Family Foundation ha estado emitiendo un reporte que llama el Monitor de la Vacuna Covid-19 KFF, que rastrea la opinión del público en relación con la vacuna. En su reporte en diciembre, encontró que el 71% de las personas dijeron que probablemente o definitivamente se pondrían la vacuna contra el Covid-19, si los científicos determinaban que era segura y si estaba disponible gratuitamente para cualquiera que la quisiera. Eso representó un aumento del 63% comparado con la encuesta que ellos habían realizado en septiembre. E incluía un aumento en la confianza por los Demócratas, los Republicanos y en todos los grupos étnicos y raciales.

De acuerdo con su reporte, el 27% del público todavía está indeciso en cuanto a ponerse la vacuna. La indecisión es mayor entre los Republicanos (42%), entre los que tienen de 30 a 49 años (36%) y entre los residentes de áreas rurales (35%). Otras personas que también están indecisas son algunas que trabajan en el área de salud (29%), los que se consideran trabajadores esenciales (33%) y finalmente los adultos afroamericanos (35%). Los afroamericanos son un grupo de especial preocupación porque han sido afectados en mayores números por la pandemia y definitivamente deberían recibir la vacuna. 

No sólo necesitamos alcanzar la inmunidad de grupo, también necesitamos humildad y consciencia comunitaria para controlar la epidemia. Si no se vacunan suficientes personas (entre el 70 al 85% de la población), si las personas vulnerables continúan reuniéndose (en grupos) y transmitiendo la infección, e ignoran las restricciones recomendadas por los expertos en salud pública que ayudan a mitigarla, la pandemia seguirá en pleno vigor. La vacuna no sólo nos protege a nosotros, también protege a los demás. Francamente, a menos que uno tenga una condición diagnosticada que prohíba su aplicación, el no vacunarse es un acto de egoísmo y una falta de civismo.

Por ejemplo, actualmente 49.1% de la población mayor de 18 años en EE. UU. Ha recibido al menos una dosis de la vacuna, lo que deja como a la mitad de la población todavía vulnerable. Las infecciones nuevas diarias están sobrepasando 70,000 casos y algunos estados están viendo un aumento aún mientras las vacunas se ofrecen exitosamente. A este paso, la inmunidad de grupo debería alcanzarse en un futuro cercano. Sin embargo, la inmunidad de grupo no se puede dar como un hecho. Es algo frágil que puede no lograrse si no se vacuna suficiente gente, y/o puede erosionarse si aparecen nuevas variantes del virus que son más contagiosas o mortales. En ese caso, necesitaríamos vacunas de refuerzo para combatirlas.

Tomó nueve meses para que el nuevo coronavirus tomara la vida del primer millón de personas en todo el mundo. Cuatro meses para que fallecieran dos millones y sólo tres meses para que falleciera un millón más.

Además, hay personas que no fallecieron después de contraer la infección y que ahora tienen los efectos a largo plazo del COVID-19. Y, desde luego, existen miles y miles de personas que viven con ansiedad y/o depresión además de los efectos económicos que han sido extremadamente destructivos para muchas personas y muchas familias que además han perdido a seres queridos.

No existen milagros que paren las pandemias. Los expertos en salud pública saben, por experiencia, que el distanciamiento social ayuda. De acuerdo con el virus, vamos aprendiendo. En este caso sabemos que las mascarillas y las vacunas ayudan. Y también sabemos que es muy posible que se requieran vacunas nuevamente en cuestión de meses o cada año (como lo hacemos con la vacuna contra la influenza, flu o gripe). 

La campaña para combatir al virus del COVID-19 requiere que nos unamos en la lucha contra el microorganismo que lo causa y que no luchemos entre nosotros. Que entendamos que los expertos aprenden algo nuevo constantemente y que necesitamos ser flexibles. A la vez, debemos apreciar a que gracias a los avances de la ciencia contamos con unas vacunas extremadamente efectivas y que muchos científicos continúan buscando tratamientos para la infección. Obviamente lo ideal es la prevención y allí es en donde nuestro comportamiento puede ayudar. Todos podemos, en lo posible, seguir las recomendaciones de los expertos en salud pública y, cuando tengamos la oportunidad (a menos que tengamos una contraindicación médica real), ponernos la vacuna contra el COVID-19. Juntos podemos ayudar a controlar la pandemia del COVID-19.

 

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Imagen: ©Shutterstock / Boyloso

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