¿Qué hemos aprendido acerca del COVID-19 en los primeros 6 meses y medio?

La crisis por la pandemia del COVID-19 en Estados Unidos no debería de estarse desarrollando como está sucediendo. No podemos desensibilizarnos al creciente número de personas infectadas y al creciente número de personas que han fallecido. Para contener al virus hubiese sido necesario iniciar una movilización coordinada de recursos a nivel federal para fabricar suficiente equipo protector y suministros para hacer pruebas a nivel nacional temprano en la pandemia, y para realizar una campaña pública – con un mensaje consistente – que uniera al país, con el fin de erradicar al virus antes de que cientos de miles de personas fallecieran. La situación es seria y es necesario actuar. Aún sin el liderazgo nacional, podemos y debemos aprender de otros países que han controlado al virus. Todos podemos contribuir.

Hemos aprendido mucho acerca del nuevo coronavirus, SARS-C0V2 o COVID-19, desde que la Organización Mundial de la Salud reportó la neumonía causada por este microorganismo (aunque se cree que ya habían habido casos anteriores en la provincia de Wuhan en China, que es en donde surgió el virus). Pero hay mucho más por aprender.

Sin embargo, en este corto tiempo, el COVID-19 ha logrado infectar a 13.826,828 millones de personas a nivel mundial, incluyendo a 3.536,658 millones de personas en Estados Unidos. De ellas, 589,481 han fallecido en total y 140,563 en Estados Unidos.

Esta no es la primera pandemia a la que se enfrenta la humanidad. Entre las más recientes, están la pandemia de la “influenza o gripe española” causada por un virus tipo H1N1 en 1918; la pandemia de la “influenza o gripe asiática” causada por un virus tipo H2N2 en 1957; la pandemia de la “influenza o gripe de Hong Kong” causada por un virus tipo H3N2 en 1968 y la pandemia de la influenza o gripe porcina causada por otro virus tipo H1N1 en 2009. Desde luego que la severidad fue muy diferente en cada una de ellas. La que causó más problemas, sin duda alguna, fue la pandemia de 1918. Se calcula que 500 millones de personas o una tercera parte de la población mundial se infectó y que causó la muerte de 50 millones de personas a nivel mundial y de 675,000 personas en Estados Unidos.

Obviamente, hemos aprendido de pandemias anteriores y tenemos la suerte de contar con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (o CDC), que se fundaron en 1946, y que son pilares de la salud pública respetados a nivel mundial, junto con los Institutos Nacionales de Salud. Los CDC tradicionalmente trabajan con otras organizaciones internacionales para abordar los retos a nivel mundial y contener las amenazas por enfermedades. Cuentan con científicos y con una variedad de médicos de diferentes especialidades en múltiples hospitales e instituciones de renombre que pueden asesorar y contribuir.

Lo que hemos aprendido en estos primeros meses es que para ganarle la batalla al virus es necesario tener sólo un enemigo – el COVID-19 – que una a la gente, no que la divida. El virus no tiene partidos políticos, no tiene fronteras, sólo sigue las leyes de la naturaleza y respeta lo que aprendemos de la ciencia y la salud pública.

Los países que lograron contener la pandemia (como los países europeos, Korea del Sur, etc.) tuvieron buenos líderes que tuvieron estrategias nacionales y que comunicaron un mensaje fácil de entender y consistente. Consiguieron los exámenes necesarios para hacer las pruebas que se necesitaban, de acuerdo con el número de habitantes e hicieron el seguimiento de contactos recomendado. Mantuvieron a las personas en casa el tiempo necesario, excepto por los trabajadores esenciales, hasta que lograron disminuir el número de personas infectadas. Se aseguraron de que los médicos, las enfermeras y los trabajadores de salud, así como los hospitales, tuvieran el equipo que necesitaban para protegerse ellos y para tratar a los enfermos (sin tener que competir entre ellos). Y empezaron a abrir los negocios poco a poco, con paciencia, entendiendo que la economía depende de que las personas no estén enfermas ni se enfermen si se abre demasiado rápido.

Desgraciadamente, en Estados Unidos se han cometido varios errores. Empezando por los mensajes. Para que las personas entiendan qué deben hacer, necesitan recibir un solo mensaje consistente, sin mentiras, que refleje lo que está sucediendo – porque de otra forma dejan de tener confianza en lo que se les dice y en las instituciones. Cuando las personas sienten que la persona que proporciona el mensaje realmente lo está haciendo porque quiere ayudarlas y está bien informada – o sea, que el mensaje está respaldado por datos – es mucho más probable que le crea. Además, es importante reforzar el mensaje con el ejemplo.

Con respecto al uso de mascarillas, un estudio realizado por el Institute for Health Metrics and Evaluation de la University of Washington predijo que habría 208,255 fallecimientos para el 1º de noviembre si no se forzaban los esfuerzos de mitigación y, calculó que esos fallecimientos podrían disminuir a 162,807 si se ampliara el uso de las mascarillas.

De acuerdo con el Dr. Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por sus siglas en inglés), la diseminación del virus no es inevitable, pero necesitamos seguir las recomendaciones de los CDC y los científicos a nivel nacional. El Dr. Fauci es un científico que ha asesorado a seis presidentes y se ha ganado la credibilidad por su honestidad siguiendo la información científica. A medida que la ciencia avanza y se aprende, a veces, es necesario modificar y actualizar la información. Eso es justamente lo que hace el Dr. Fauci, los CDC y los médicos.

El Dr. Ashish Jha, director del Global Health Institute de la Universidad Harvard dice que otros países han tomado esta pandemia en serio y que EEUU no lo ha hecho. “Otros países han tenido un cierre muy agresivo. Nosotros no. Otros países han tenido un enfoque agresivo en cuanto a hacer exámenes, rastreo y aislamiento. Nosotros no. Varios países han tenido leyes universales de usar mascarillas y nosotros no”.

Los funcionarios locales que han tratado de implementar contención en sus áreas, no tienen control de lo que sucede en el condado vecino. Pero cada uno de nosotros puede contribuir en cualquier lugar en donde nos encontremos.

Mucha gente cree que, porque el número de muertes ha disminuido, quiere decir que vamos mejor y se pueden relajar las recomendaciones. Pero, como dice el Dr. Fauci, la disminución en la mortalidad se debe a que los médicos han mejorado su habilidad de tratar a los pacientes en etapas avanzadas de la enfermedad y a que los que se están infectado tienden a ser más jóvenes, no a que haya menos contagios.

De acuerdo con el Dr. Tom Frieden, exdirector de los CDC y presidente de Resolve to Save Lives, una iniciativa mundial de salud pública, “Nos estamos volviendo un país rezagado, marginalizado”.

Es importante controlar la enfermedad a pesar de la falta de liderazgo. Todos tenemos que contribuir, ya que es responsabilidad de todos el protegernos y proteger a los demás cada día. Lo ideal, ante la duda, es obtener la información de los CDC o de personas respetadas como el Dr. Fauci (jefe del NIAID).

¿Qué más hemos aprendido?

• El COVID-19 se transmite de persona a persona, a veces, aunque no se tengan síntomas.
• Los síntomas pueden ser variados, a veces incluyen sólo pérdida del gusto o del olfato.
• Las personas en mayor riesgo incluyen las mayores de 65 años, las que tienen presión alta, diabetes, obesidad, y/o inmunidad deprimida. También las minorías (latinos, negros, etc.).
• Los niños se enferman con menor frecuencia, pero pueden desarrollar una condición inflamatoria muy peligrosa asociada con el COVID-19.
• Algunas personas desarrollan efectos a largo plazo después de sufrir el COVID-19.
• El rastreo puede disminuir el número de personas infectadas de 2 o 3 personas a una, pero las reuniones grandes pueden hacer lo opuesto: causar infecciones en un número grande de personas.
• Los CDC y la OMS recomiendan el uso de las mascarillas para disminuir la transmisión del virus.
• Las pruebas de anticuerpos han permitido estimar la tasa de mortalidad, incluyendo a los pacientes que no se hicieron la prueba del COVID-19 porque no tenían síntomas o eran muy ligeros, en alrededor de 0.6% en algunos lugares.
• En cuanto al tratamiento, el Remdesevir parece ayudar a la recuperación en pacientes enfermos. La Dexametasona parece reducir el riesgo de muerte en pacientes graves.
• La hidroxicloroquina y la cloroquina NO tienen beneficio en el tratamiento de las personas infectadas.
• Actualmente se están estudiando 150 vacunas. 20 de ellas están en estudios clínicos en humanos.

La familia y los amigos son lo más importante. La conexión con los seres queridos es crítica para nuestro bienestar y muchas veces la damos por hecho. Creo que la pandemia nos hace poner en perspectiva nuestras prioridades. ¿De que sirven las cosas materiales si tu salud, tu seguridad o tu acceso a comida se ven amenazados? Hay que estar agradecidos por nuestra salud, la salud de nuestros seres queridos, y si tenemos un hogar en donde vivir y acceso a comida. Y hay que agradecer a todos los trabajadores esenciales … son nuestros héroes. Donde sea que trabajen (en salud, en los supermercados, en las farmacias, los que entregan mercancías, los choferes de camiones, etc.) ponen sus vidas en riesgo todos los días.

Como individuos tenemos opciones en la época del COVID-19 y podemos contribuir al resultado de la pandemia. Esta situación va a tomar tiempo y requiere paciencia. Pero saldremos de esta crisis. Y no te olvides que lo que haces es muy importante para combatir la pandemia. Como dijo la Madre Teresa: “Podríamos sentir que lo que hacemos es como una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”.

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