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Aunque los adolescentes tienden a tener casos de COVID-19 de leves a moderados, ha habido casos severos, con secuelas a largo plazo, y varios jóvenes han muerto por este virus (más de los que fallecen por la influenza o gripe). Miles de millones de personas han recibido la vacuna contra el COVID-19 a nivel mundial. Los efectos secundarios y los riesgos son mínimos, mientras los beneficios son muchísimos. La eficacia de la vacuna en este grupo (los adolescentes entre los 12 y los 15 años) es casi del 100%. ¡No dejes de proteger a tu adolescente contra el COVID-19 si tienes la oportunidad! Sigue leyendo para obtener más detalles.

A partir del 10 de mayo del 2021, los adolescentes entre los 12 y los 15 años pueden recibir la vacuna contra el COVID-19 de Pfizer-BioNTech en los Estados Unidos, y probablemente en un futuro cercano también se apruebe la vacuna de Moderna en este grupo. Estas son muy buenas noticias para las familias con adolescentes, ya que es otro paso que facilita el regreso a clases y nos acerca al control de la pandemia en este país.

Los estudios clínicos en los niños de 6 meses a 11 años están en curso, y los expertos piensan que para septiembre de este año completarán las investigaciones necesarias para que se apruebe el uso de la vacuna Pfizer en este grupo. 

Desde luego que necesitamos la disponibilidad de la vacuna para todas las personas en todo el mundo, no sólo en Estados Unidos. Y tan importante como la disponibilidad, es que las personas se pongan la vacuna y vacunen a sus hijos para lograr la inmunidad de grupo o inmunidad de rebaño y realmente lograr controlar la pandemia. 

Ante esta noticia, Rochelle Wallensky, la directora de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), alentó a los padres a que vacunen a sus hijos. Dijo que sabía de varios padres que estaban entusiasmados ya que le habían estado enviando mensajes de texto. A algunos les gustaría ser los primeros en vacunar a sus hijos, pero ella también alentó a los chicos para que les pidieran a los padres que los vacunaran. Incluso mencionó que tenía un hijo de 16 años que quería vacunarse. Quería regresar a la escuela y volver a tener una vida más normal. Wallensky dijo que por eso era importante, si los padres tenían dudas y querían esperar, que los chicos les pidieran a sus padres. El Dr. Lee Savio Beers, presidente de la Academia Americana de Pediatría, está de acuerdo. Piensa que la reciente aprobación de la vacuna Pfizer en estos adolescentes es un paso crítico para llevar estas vacunas que salvan vidas a los adolescentes.

Si bien es cierto que generalmente se requiere autorización de los padres para que los chicos reciban una vacuna antes de los 18 años, la Dra. Heard Garris dice que varios sus pacientes de 16 años le han dicho que les gustaría recibirla, que saben que su mamá no quiere que la reciban, pero, que ellos quieren regresar a la escuela, ir a su graduación y salir con sus amigos sin estar preocupados de que se van a infectar con el virus del COVID-19. Quisieran poder volver a una vida más parecida a lo “normal”.

En una encuesta reciente en EE. UU. por la compañía Invisibly, en que les preguntaron a 1.258 padres si pensaban vacunar a sus adolescentes, el 53% dijo que eventualmente los vacunarían, pero sólo el 26% dijo que lo haría inmediatamente. Esto es similar a un estudio previo realizado por la Indiana University, en donde encontraron que más de una cuarta parte de los padres no vacunarían a sus hijos. Las razones que dieron incluyeron la diseminación tanto de información correcta como de desinformación politizada acerca de los posibles efectos secundarios.

Entre los padres indecisos hay aquellos que esperan reunir más información y posiblemente cambien de opinión, como han cambiado de opinión muchos adultos que al inicio estaban indecisos acerca de ponerse la vacuna ellos mismos. Pero también existen las personas que siempre han estado en contra de todas las vacunas o que lo hacen por razones políticas en vez de basar sus decisiones en la evidencia científica y la lógica, o que tienden a creer declaraciones que les son familiares, sin importar si son verdaderas o no porque lo leyeron en el internet o lo escucharon en la única fuente de donde obtienen su información (en vez de escuchar a los expertos). 

Pero, ¿cómo se sentirían los padres de un adolescente si éste se infectara y desarrollara un caso severo con el Síndrome Inflamatorio Multi-sistémico (MIS-C por sus siglas en inglés) que le causara daños permanentes en el corazón, por ejemplo, o incluso lo matara? Sabiendo que si hubiese vacunado a su hijo(a), no se hubiese infectado. 

A continuación, podrás disipar algunas de tus dudas acerca de la vacuna Pfizer para los jóvenes de entre 12 y 15 años.

La vacuna que recibirán estos adolescentes es la misma que han recibido los adultos. La dosis también es la misma (dos vacunas en un intervalo de tres semanas entre una y otra). Es muy importante que reciban las dos vacunas para que se logre la protección contra la infección por el virus del COVID-19 que es casi del 100%. Mejor que en los adultos. 

Algo que debe ayudar a los padres a tener confianza en la vacuna es el resultado de los ensayos clínicos, la efectividad de la vacuna y su seguridad. Además, el hecho de que la han recibido cientos de millones de personas, incluyendo adolescentes de 16 a 18 años, sin problemas importantes.

Estudio clínico y resultado

En el estudio clínico de 2.300 adolescentes de entre 12 y 15 años, la mitad recibieron las vacunas y la mitad recibieron placebo. En los que recibieron las vacunas, nadie desarrolló el COVID-19, y cuando midieron los niveles de anticuerpos en su sangre, todos formaron un porcentaje elevado de anticuerpos contra la infección. Mientras tanto, seis de los que recibieron el placebo en vez de la vacuna se enfermaron.

Efectos secundarios

Los efectos secundarios de la vacuna, cuando se presentaron, fueron muy similares a los que se ven en los adultos: dolor en el lugar de la inyección, cansancio, dolor de cabeza, escalofríos, dolores musculares y fiebre. Generalmente duraron de uno a tres días y fueron más frecuentes después de la segunda dosis. No eran causados por el virus, ya que la vacuna no contiene el virus y no puede causar la infección. Se deben a la respuesta del sistema inmunitario o inmunológico (de defensa) cuando está formando los anticuerpos. Sin embargo, puede formar anticuerpos y no dar ningún efecto secundarios. 

Los efectos secundarios a las vacunas, cuando se presentan, generalmente ocurren en los primeros días (máximo los primeros dos meses). Por seguridad, se continuarán monitorizando los efectos secundarios potenciales de las vacunas contra el COVID-19 pero, hasta ahora, no se han reportado ningunos otros efectos secundarios en los cientos de millones de personas que han recibido las vacunas basadas en el RNA mensajero que es la base de la vacuna Pfizer.

Por el momento no se va a exigir la vacuna contra el COVID-19 por las escuelas en Estados Unidos, pero quizá en un futuro, esto es algo que se considere junto con otras vacunas como la de sarampión.

La única contraindicación es la historia de una alergia severa (anafilaxia).

Los miedos de algunos padres acerca de la rapidez con la cual se fabricó la vacuna son infundados ya que se basó en los avances de la ciencia de al menos una década; los miedos acerca de la posibilidad de que la vacuna cause infertilidad o problemas hormonales son totalmente infundados y basados en desinformación que se ha diseminado por los medios sociales. La vacuna funciona a través del ARN (RNA) mensajero, y no tiene nada que ver con las hormonas, los genes y/o la fertilidad.

Los adolescentes han sufrido mucho con la pandemia. Aunque no han sido afectados tan severamente por la enfermedad, ni han requerido hospitalización con la misma frecuencia que otros grupos, les ha afectado desde el punto de vista de su desarrollo social y su salud mental. La vacuna podría ayudarles a volver a la escuela, a participar en los deportes, en el coro de la escuela y en una serie de actividades con amigos que extrañan y necesitan. Además, si estuviesen expuestos a una persona con COVID-19, dos semanas después de haber completado la segunda vacuna, ya no necesitarían el aislamiento de la cuarentena que necesitan en este momento.

Si los niños de secundaria y preparatoria (middle school y high school), los profesores y las personas que trabajan en la escuela se vacunaran, y si las tasas de COVID-19 en este país están bajas, para el principio del próximo año escolar las escuelas podrían proporcionar una protección que podría reemplazar otras estrategias de mitigación de la pandemia más opresivas y difíciles de mantener. Podrían dejar de usar mascarillas y tener los beneficios mencionados anteriormente. 

Las vacunas contra el COVID-19 son un logro científico notable que debemos, lejos de temer, celebrar. Es nuestra mejor esperanza para salir de la pandemia. Afortunadamente en este momento tenemos el privilegio en Estados Unidos de poder obtener la vacuna gratuitamente, independientemente del estado migratorio y, en este momento, incluyendo a los adolescentes de 12 a 15 años. No lo desperdiciemos. Y esperemos que muy pronto las vacunas se distribuyan en todos los países del mundo para que todas las personas sin excepción tengan la misma oportunidad.

 

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Imagen: ©Shutterstock / Dragana Gordic

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