Durante mucho tiempo se ha hablado de las enfermedades del corazón como si afectaran de la misma manera a toda la población. Sin embargo, hoy sabemos que esta visión simplificada ha tenido consecuencias importantes, especialmente para las mujeres. La cardiopatía isquémica, una enfermedad del corazón que aparece cuando no llega suficiente sangre al músculo cardíaco, es una de las principales causas de mortalidad y no se manifiesta ni evoluciona igual en mujeres y hombres. Estas diferencias influyen directamente en los síntomas, en el diagnóstico y en la eficacia de los tratamientos.
El problema es que durante décadas esta enfermedad se ha estudiado y tratado tomando como referencia mayoritaria a los hombres. Como resultado, muchos signos frecuentes en mujeres se han interpretado como poco claros o secundarios, cuando en realidad forman parte de la forma habitual en la que la enfermedad se expresa en ellas. Entender esta diferencia es clave para mejorar la prevención y la atención sanitaria.
Cuando los síntomas no encajan con lo que esperamos
Uno de los principales retos es reconocer cómo se manifiesta la cardiopatía isquémica en las mujeres. Frente al dolor intenso en el pecho que suele asociarse al infarto, muchas mujeres presentan síntomas más difusos: un cansancio extremo que aparece de forma repentina, dificultad para respirar, mareo, náuseas o una sensación general de malestar. Estos signos pueden confundirse fácilmente con ansiedad, estrés o problemas digestivos.
Esta falta de reconocimiento retrasa la consulta médica y, en consecuencia, el diagnóstico. Muchas mujeres acuden más tarde al hospital porque no identifican sus síntomas como un problema cardíaco, o porque estos no encajan con la imagen “clásica” del infarto. Además, en el ámbito sanitario, la sospecha inicial puede ser menor cuando los síntomas no son los esperados.
La Dra. Teresa Padró, jefa del grupo de investigación de Biomarcadores de la Evolución de la Enfermedad Cardiovascular del Instituto de Investigación Sant Pau de España, subraya que «durante años se ha considerado que las mujeres tenían síntomas atípicos, cuando en realidad son los síntomas propios de cómo se manifiesta la enfermedad en ellas». Esta confusión ha contribuido a un infradiagnóstico persistente.
A todo ello se suma que, en muchas mujeres, el problema no se debe a una gran obstrucción visible en las arterias, sino a alteraciones más sutiles de la circulación del corazón. Esto hace que algunas pruebas habituales no detecten la enfermedad con claridad y que el proceso avance de forma silenciosa durante más tiempo.
Factores de riesgo que pesan más y actúan antes
Los factores de riesgo clásicos —como el tabaco, la hipertensión o la diabetes— no afectan por igual a mujeres y hombres. En ellas, su impacto suele ser mayor y más duradero, lo que incrementa el riesgo cardiovascular incluso con niveles similares de exposición. Por ejemplo, una mujer fumadora o con diabetes tiene un riesgo proporcionalmente más alto de sufrir un evento cardíaco que un hombre con el mismo perfil.
Además, existen factores propios de la biografía femenina que influyen en la salud del corazón. Complicaciones durante el embarazo, como la preeclampsia o la hipertensión gestacional, así como una menopausia precoz, pueden dejar una huella que aumenta el riesgo cardiovascular años después. Sin embargo, estos antecedentes no siempre se tienen en cuenta en la valoración clínica habitual.
Otro aspecto importante es que la enfermedad coronaria femenina tiende a ser más difusa. En lugar de una obstrucción clara y localizada, es frecuente que la afectación sea más generalizada, lo que dificulta su detección y tratamiento. Esto no significa que la enfermedad sea menos grave, sino que se expresa de otra forma y requiere una mirada diferente.
La Dra. Padró insiste en que «si no entendemos estas diferencias, seguimos aplicando estrategias diagnósticas y terapéuticas que no siempre responden a la realidad clínica de las mujeres». Adaptar la evaluación del riesgo es un paso imprescindible para mejorar la prevención.
Diagnóstico tardío, tratamientos menos ajustados y peor pronóstico
Cuando la enfermedad se identifica más tarde, las consecuencias son claras. Las mujeres suelen llegar al hospital en fases más avanzadas y, en algunos casos, reciben menos tratamientos invasivos o menos terapias ajustadas a su perfil. Esto no se debe a que su enfermedad sea menos importante, sino a que no siempre se reconoce a tiempo o se interpreta correctamente.
Los datos muestran que, tras un infarto, la evolución puede ser peor en mujeres, especialmente en edades más jóvenes. La combinación de diagnóstico tardío, diferencias biológicas y menor adecuación del tratamiento contribuye a esta desigualdad en los resultados clínicos.
A ello se suma otro problema de fondo: la menor presencia de mujeres en los estudios científicos. Muchas recomendaciones médicas se basan en ensayos donde la participación femenina ha sido limitada, lo que reduce la calidad de la evidencia disponible y dificulta la aplicación real de los resultados en mujeres.
Cambiar esta situación exige una transformación profunda: más formación, más investigación inclusiva y una atención sanitaria que tenga en cuenta las diferencias reales entre mujeres y hombres. No se trata de hacer una medicina distinta, sino una medicina más precisa.
Mirar distinto para cuidar mejor el corazón
Hay que reconocer que los problemas de corazón no afectan igual a mujeres y hombres; es el primer paso para mejorar la atención cardiovascular. Escuchar mejor los síntomas, valorar los factores de riesgo específicos y adaptar las pruebas y los tratamientos puede marcar la diferencia entre llegar a tiempo o demasiado tarde.
Avanzar hacia una cardiología más sensible a estas diferencias no es una cuestión teórica, sino una necesidad práctica. Incorporar esta mirada permitirá diagnosticar antes, tratar mejor y reducir una brecha que durante demasiado tiempo ha pasado desapercibida.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la cardiopatía isquémica?
Es una enfermedad del corazón que aparece cuando el músculo cardíaco no recibe suficiente sangre, generalmente porque las arterias no funcionan correctamente.
¿Por qué la cardiopatía isquémica afecta de forma distinta a las mujeres?
Porque existen diferencias biológicas y de riesgo, y porque durante años la enfermedad se ha estudiado sobre todo en hombres, lo que ha retrasado su reconocimiento en mujeres.
¿Los síntomas del infarto son distintos en las mujeres?
Sí. En las mujeres es más frecuente que aparezcan síntomas menos evidentes, como cansancio extremo, falta de aire, náuseas o malestar general.
¿Por qué se diagnostica más tarde en las mujeres?
Porque los síntomas no siempre encajan con el patrón clásico y algunas pruebas detectan peor las formas más difusas de la enfermedad.
¿Qué factores de riesgo son más importantes en las mujeres?
La diabetes, el tabaco y la hipertensión tienen un impacto mayor, y también influyen factores como complicaciones en el embarazo o una menopausia precoz.
¿Se puede mejorar el diagnóstico y el tratamiento?
Sí. Reconocer estas diferencias y adaptar las pruebas y tratamientos permite detectar antes la enfermedad y mejorar el pronóstico.
Por Miguel Ramudo
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