¿Alguna vez te has detenido a pensar en cuánto influye nuestro ajetreo diario en la naturaleza que nos rodea? Durante los confinamientos por la COVID-19, el mundo se detuvo un momento para nosotros, pero la vida silvestre siguió su curso de formas inesperadas. Un estudio sobre las aves urbanas durante la pandemia, demuestra lo rápido que la naturaleza puede responder a nuestra ausencia.
Un nuevo estudio publicado en la revista PNAS ha puesto la lupa sobre el junco de ojos oscuros (Junco hyemalis) en Los Ángeles. Resulta que la falta de actividad humana no solo vació las calles, sino que modificó físicamente a estos pequeños pájaros.
La «antropausa»: un experimento natural para las aves urbanas y pandemia
A ese periodo de quietud humana se le llamó «antropausa». Fue una oportunidad única para la ciencia, casi un experimento natural involuntario. Graciela Gómez Nicola, profesora titular en la Universidad Complutense de Madrid, explica en declaraciones al Science Media Center de España la importancia de este momento: “Este estudio científico nos invita a reflexionar sobre cómo los seres humanos podemos influir en las especies que comparten con nosotros el entorno urbano. Las autoras aprovecharon la drástica reducción de la actividad humana en la ciudad de Los Ángeles durante las restricciones por la covid-19, la llamada ‘antropausa’, para analizar los cambios en la morfología de los picos del junco de ojos oscuros”.
Lo curioso es que al comparar las aves urbanas y pandemia con datos de años anteriores y posteriores, se notó una diferencia real. Según Gómez Nicola, se “compararon las dimensiones de los picos de estas aves en la ciudad y en zonas naturales cercanas en tres momentos clave: antes de la pausa, durante el confinamiento y después del regreso a la actividad normal”.
Dime qué comes y te diré qué pico tienes
¿Por qué cambiaría el pico de un pájaro en tan poco tiempo? La respuesta parece estar en la comida. Al no haber gente en las calles, tampoco había restos de nuestra comida (esos desechos que, queriendo o no, dejamos atrás).
Gómez Nicola señala que “este cambio estaba aparentemente relacionado con una disminución importante en su fuente principal de alimento, los desechos orgánicos disponibles en la ciudad”. Al tener que buscar semillas y alimentos naturales, el pico, que es su herramienta principal, tuvo que adaptarse. De hecho, las aves nacidas en el confinamiento tenían picos muy parecidos a los de sus parientes del campo.
Por su parte, la investigadora Inmaculada Álvarez-Manzaneda Salcedo, profesora de la Universidad de Granada, destaca la solidez de estos datos: “Son muchos las investigaciones que señalan que la morfología de los picos de las aves está determinada por su dieta y este estudio parece demostrarlo dando un paso más: ¿qué ocurrirá cuando, estas aves urbanas dejen de disponer de los restos de comida que, de forma consciente o no, los seres humanos hemos puesto a su alcance y que han constituido un recurso habitual para ellas?”
Hallazgos clave sobre las aves urbanas y pandemia
Para entender mejor qué ocurrió con nuestros amigos alados, aquí te resumo lo que observaron los científicos:
- Picos «silvestres»: Las aves nacidas en 2020 y 2021 desarrollaron picos diferentes a los de la ciudad, similares a los de zonas naturales.
- Cambio de dieta: Sin basura humana, buscaron alimento en zonas verdes.
- Reversibilidad rápida: Cuando volvimos a las calles, los picos volvieron a su forma «urbana» anterior.
Un cambio reversible y veloz
Lo más impactante de la relación entre aves urbanas y pandemia no es solo que cambiaron, sino que lo hicieron muy rápido y, además, el cambio se revirtió. Carlos Camacho, investigador Ramón y Cajal en la Estación Biológica de Doñana (CSIC), comenta sobre estos resultados: “Los resultados muestran cambios rápidos y reversibles en el tamaño y la forma del pico, un rasgo clave para la alimentación. Las aves nacidas durante la ‘antropausa’ presentaron picos similares a los de poblaciones no urbanas, mientras que, tras reanudarse la actividad normal del campus, los picos recuperaron en pocos años la morfología urbana en prepandemia”.
Esto nos demuestra que las ciudades no son lugares estáticos para la evolución. Camacho añade que “este trabajo añade un elemento novedoso, al mostrar que estos rasgos no solo pueden aparecer con rapidez, sino también revertirse en un periodo muy corto de tiempo cuando las condiciones cambian”.
Sin embargo, todavía quedan misterios por resolver. Camacho advierte que “no está claro cuál sería la ventaja adaptativa de presentar un pico proporcionalmente más pequeño en el entorno urbano” y sugiere que quizás pudo deberse a la inmigración de aves desde zonas no urbanas al estar la ciudad más tranquila.
Nuestra responsabilidad con la naturaleza
Como dice Inmaculada Álvarez-Manzaneda, estas aves hacen mucho por nosotros, desde dispersar semillas hasta controlar plagas. Su reflexión final es preciosa: “Esta admiración debería invitarnos a replantearnos la responsabilidad que tenemos en la forma en la que compartimos y modelamos los espacios que habitamos junto a ellas”.
Preguntas y respuestas
1. ¿Qué especie de ave fue analizada en el estudio? El estudio se centró en el junco de ojos oscuros (Junco hyemalis), específicamente en una población urbana de Los Ángeles, Estados Unidos.
2. ¿Por qué cambiaron los picos de las aves durante la pandemia? Principalmente debido al cambio en la dieta. Al no haber actividad humana, desaparecieron los desechos de comida (basura), obligando a las aves a consumir alimentos naturales, lo que favoreció una forma de pico más apta para ese tipo de comida.
3. ¿El cambio en los picos fue permanente? No, fue reversible. Según los expertos, tras reanudarse la actividad humana normal, los picos de las nuevas generaciones recuperaron la forma que tenían antes de la pandemia.
4. ¿Qué es la «antropausa»? Es el término utilizado por los científicos para definir el periodo de drástica reducción de la actividad humana y la movilidad durante los confinamientos por la COVID-19.
5. ¿Qué demuestra este estudio sobre la evolución en las ciudades? Demuestra que las especies pueden responder y adaptarse con gran rapidez a los cambios ambientales provocados por los humanos, y que estos rasgos pueden revertirse igual de rápido si las condiciones cambian.
Por Karla Islas Pieck
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