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La mayoría de personas hemos acumulado cosas innecesarias que nos cuesta mucho desechar, donar o reciclar; sin embargo, quienes padecen el trastorno de acumulación no pueden controlar la urgencia de acumular ni la capacidad de desechar. La Mayo Clinic nos habla sobre el trastorno de acumulación y los métodos de tratamiento.

La distinción más importante entre una persona acumuladora y un coleccionista, o quien solamente es un poco desordenado y desorganizado, ocurre cuando la acumulación fortuita de cosas empieza a interferir con la vida social de la persona y con su capacidad de realizar el trabajo necesario. El trastorno de acumulación, llevado a extremos, deriva en condiciones habitacionales demasiado estrechas y generalmente insalubres, donde sólo hay pasajes apretados para desplazarse entre montones desordenados de cosas. Los riesgos para la salud aumentan a medida que se acumulan más montones, e incluyen la probabilidad de sufrir una caída, de que se produzca un incendio, de aislamiento social, de problemas económicos e incluso de desalojo.

El trastorno de acumulación tiende a presentarse en varios miembros de la familia. Las señales del trastorno de acumulación generalmente surgen pronto en la vida, hacia la adolescencia, y se tornan más graves en la mediana edad. La muerte del cónyuge, un divorcio, la partida de los hijos o los problemas de salud pueden inclinar más a un anciano hacia la acumulación extrema.

Alrededor de 75 por ciento del tiempo, el trastorno de acumulación se presenta conjuntamente con otros problemas mentales, como depresión, trastorno obsesivo-compulsivo, alcoholismo, demencia o ansiedad. En algunos casos, el trastorno de acumulación es un síndrome categórico y en esas circunstancias, la persona podría no sentir vergüenza ni angustia, o muy poca, por acumular cosas.

Cuando la persona reconoce su problema, generalmente está lista para buscar tratamiento. El primer paso suele ser tratar el problema mental subyacente, lo que también ayudaría con el impulso de acumular. Sin embargo, es posible que continuar con la terapia y deshacerse de las posesiones acumuladas resulte complicado para esa persona.

Cuando una persona no cree que acumular sea un problema, lo que generalmente funciona mejor es la intervención de un equipo de profesionales, seres queridos y amigos. La idea es ganar la confianza del acumulador y ayudarlo a tener una perspectiva de la necesidad de limpiar su espacio habitacional. Limpiar la vivienda de una persona que sufre el trastorno de acumulación sin su consentimiento no soluciona el problema subyacente, y una limpieza forzada puede tornar más sospechosa a la persona y hacer que se aferre aún más a sus posesiones.

La terapia cognitivo-conductual es el tratamiento principal. Este método cuestiona gradualmente el pensamiento equivocado y modifica las conductas inútiles. El tratamiento suele incluir visitas domiciliarias de parte de los familiares y otros profesionales a fin de ayudar al acumulador a desarrollar las habilidades necesarias para realizar los cambios requeridos.

La terapia lleva tiempo y la persona progresa poco a poco, pero la expectativa de tener una casa aseada y bien arreglada no es realista. Quienes con el transcurso del tiempo no abandonan el plan de tratamiento logran controlar mejor su comportamiento y deshacerse de suficientes posesiones para permitir la aparición de una zona habitable, segura y cómoda, además de mejorar su bienestar.

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