El cambio climático no solo está transformando el paisaje, sino también la salud de las futuras madres. Hasta ahora sabíamos que las olas de calor eran peligrosas, pero ahora la ciencia nos explica qué hay detrás de un riesgo mucho más silencioso: la exposición sostenida a temperaturas elevadas. Un estudio pionero liderado por el IDIAPJGol ha descubierto que pasar varias semanas bajo el calor acumulado puede duplicar las probabilidades de desarrollar calor y diabetes gestacional.

El efecto acumulado: no es solo un día de sol

La investigación, que analizó más de 150.000 embarazos en Barcelona durante doce años, aporta una visión nueva. No se trata solo de un pico de calor extremo en un día concreto, sino del efecto de las temperaturas medias (incluyendo las noches) que se mantienen altas durante un mes.

Según la investigadora Laura Granés, el riesgo se dispara cuando una mujer embarazada se expone durante 30 días seguidos a medias de entre 21 y 23 °C. «El impacto del calor no se produce necesariamente el mismo día, sino después de una exposición continuada durante semanas», explica la Dra. Granés. Este calor sostenido parece reducir la sensibilidad a la insulina, lo que dificulta que el cuerpo regule correctamente el azúcar en sangre.

La vulnerabilidad social ante el clima

El estudio también pone el foco en la desigualdad. No todas las mujeres viven el calor de la misma manera, y el código postal influye directamente en la salud del embarazo. Los datos muestran que las mujeres en entornos socioeconómicos más desfavorecidos son las más vulnerables a la relación entre calor y diabetes gestacional.

Factores como vivir en casas mal aisladas, no tener acceso a aire acondicionado o trabajar en ambientes calurosos sin protección adecuada marcan la diferencia. Esta evidencia obliga a repensar las estrategias de salud pública para proteger específicamente a los colectivos con menos recursos ante las crisis climáticas.

Recomendaciones para un embarazo «fresco»

Ante estos resultados, los expertos insisten en que la prevención debe ser una prioridad en las consultas de obstetricia, especialmente en verano o durante periodos inusualmente cálidos.

  • Hidratación constante: Mantener el cuerpo refrigerado ayuda al metabolismo de la glucosa.
  • Refugio térmico: Buscar espacios frescos y ventilados, evitando la exposición directa en las horas centrales del día.
  • Seguimiento estrecho: Las mujeres embarazadas en zonas calurosas deberían tener un control más riguroso de sus niveles de azúcar.

El estudio subraya que el cambio climático ya es un factor de riesgo médico que debe integrarse en los protocolos de seguimiento del embarazo. Cuidar la temperatura ambiental es, hoy más que nunca, cuidar la salud de la madre y del bebé.

Preguntas y respuestas

¿Cómo afecta exactamente el calor al azúcar en sangre durante el embarazo? La exposición prolongada a altas temperaturas puede reducir la sensibilidad a la insulina y ralentizar el metabolismo de la glucosa, lo que facilita que aumenten los niveles de azúcar y aparezca la diabetes gestacional.

¿Es peligroso un solo día de mucho calor? Aunque las olas de calor puntuales son estresantes, este estudio destaca que el mayor riesgo de diabetes proviene de la exposición acumulada durante semanas (unos 30 días) a temperaturas medias elevadas.

¿A partir de qué temperatura aumenta el riesgo? El estudio identifica un incremento significativo del riesgo cuando la temperatura media diaria (contando el día y la noche) se sitúa de forma sostenida entre los 21 y los 23 °C.

¿Por qué influye el nivel socioeconómico en este riesgo? Las mujeres en entornos desfavorecidos suelen tener menor capacidad para protegerse del calor debido a condiciones de vivienda precarias o trabajos con mayor exposición térmica, lo que las hace más vulnerables.

¿Qué pueden hacer las embarazadas para protegerse? Es vital seguir las recomendaciones de salud pública: buscar lugares frescos, hidratarse bien y, sobre todo, concienciarse de que el calor no es solo una incomodidad, sino un factor que influye en su salud metabólica.

Por Karla Islas Pieck
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Imagen: ©Shutterstock / Antonio Guillem

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