Sabemos que el entorno en el que crece un bebé durante el embarazo es determinante para su salud futura. Sin embargo, un nuevo estudio de dimensiones sin precedentes invita a mirar más allá de la alimentación o el estilo de vida. También pone el foco en la calidad del aire.
La investigación sugiere que respirar ciertos componentes químicos presentes en la contaminación urbana, durante etapas críticas del embarazo, podría estar relacionado con una mayor probabilidad de recibir un diagnóstico de autismo en la infancia.
Los culpables invisibles: sulfato y amonio
El estudio, publicado en la prestigiosa revista JAMA Network Open, analizó datos de más de dos millones de nacimientos en Ontario, Canadá, a lo largo de dos décadas. Este trabajo destaca por su nivel de detalle: los científicos no solo evaluaron la contaminación y el riesgo de autismo de forma general, sino que identificaron componentes específicos de las partículas finas (PM2.5) que parecen tener un mayor impacto.
Los investigadores encontraron que la exposición prenatal al sulfato y al amonio —sustancias químicas que a menudo provienen de la actividad industrial y el tráfico— se asocia estadísticamente con un aumento en los diagnósticos de Trastorno del Espectro Autista (TEA).
Según los datos, el segundo y el tercer trimestre del embarazo parecen ser las etapas de mayor sensibilidad para el desarrollo neurológico del feto frente a estos agentes externos.
Un análisis profundo pero con cautela
El Dr. Víctor Briz, investigador en el Instituto de Salud Carlos III, destacó en declaraciones al Science Media Center de España la relevancia de este hallazgo: “Este supone el mayor estudio realizado hasta la fecha… Analiza de manera individual el efecto de componentes químicos específicos y de periodos concretos durante el embarazo y la infancia temprana”.
No obstante, la comunidad científica pide interpretar estos resultados con responsabilidad. Es fundamental entender que el estudio muestra una correlación, pero no demuestra una relación de causa y efecto.
La Dra. Rachel Moseley, psicóloga de la Universidad de Bournemouth, advierte sobre la importancia de no generar alarmas innecesarias: “No hay absolutamente ninguna evidencia dentro del artículo que sugiera que el primero [la contaminación] causó el segundo [el autismo]”.
Más allá de la gestación: el papel del ozono
La investigación también puso la lupa en los primeros meses de vida del bebé. Se observó que una mayor exposición al ozono (O3) durante el primer año de vida presentaba una asociación positiva con el riesgo de TEA.
Aunque el estudio tiene limitaciones —como el hecho de basarse en códigos postales y no en la exposición personal exacta de cada madre—, abre una vía crucial para entender cómo los factores ambientales interactúan con el desarrollo humano. Además, como sociedad, nos recuerda la urgencia de seguir trabajando por un aire más limpio para las generaciones futuras.
Preguntas y respuestas
¿Qué componentes de la contaminación están más asociados con el autismo según el estudio?
El estudio identifica específicamente el sulfato y el amonio, presentes en las partículas finas PM2.5, como los componentes con mayor asociación estadística durante el embarazo.
¿En qué momento del embarazo afecta más la contaminación?
Los resultados sugieren que el segundo y tercer trimestre de gestación son los periodos de mayor susceptibilidad para el desarrollo del feto ante estos contaminantes.
¿Significa esto que la contaminación causa autismo?
No necesariamente. El estudio muestra una asociación o correlación estadística en una población muy grande, pero no confirma que la contaminación sea la causa directa del autismo.
¿El aire que respira el bebé después de nacer también influye?
Sí, el estudio también encontró una relación entre la exposición al ozono durante el primer año de vida y un ligero aumento en la probabilidad de diagnóstico.
¿Qué medidas pueden tomar las embarazadas?
Aunque la exposición es ambiental y difícil de controlar individualmente, los expertos sugieren que estos hallazgos refuerzan la importancia de políticas públicas que mejoren la calidad del aire en las ciudades para proteger la contaminación y riesgo de autismo.
Por Karla Islas Pieck
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