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Tu piel va cambiando con el paso del tiempo y si bien no es posible detener el calendario, sí puedes tomar varias medidas e implementar hábitos que te ayudarán a mantener la piel en buenas condiciones durante este proceso, así como retrasar y disminuir los efectos propios del envejecimiento. En este artículo, te contamos cómo hacerlo.

Mirta pasaba la mayor parte del tiempo esperando que llegaran los días cálidos del verano para acostarse a tomar sol desde temprano. Le encantaba ver su piel bronceada, cada vez más bronceada, y no escuchaba advertencias sobre el daño que podía ocasionarle el sol a su piel.

Si bien es agradable disfrutar los días de sol al aire libre, esta estrella emite los denominados rayos ultravioleta, que son los principales enemigos de la piel. Por eso hoy, cada vez que se aplica cremas hidratantes buscando borrar un poco sus manchas y arrugas, Mirta reflexiona sobre aquellos años de sobre-exposición a la luz solar.

Las arrugas se forman como parte normal del paso del tiempo, pero no es lo único que le ocurre a tu piel, que va cambiando con la edad, se vuelve más delgada, se afloja, pierde grasa y elasticidad y ya no se ve tan rellenita y lisa como antes. Esto hace que:

  • tus venas y tus huesos se puedan ver más fácilmente;
  • las lastimaduras, rasguños, cortes o golpes, pueden requerir más tiempo para sanar (hasta cuatro semanas);
  • se puedan formar hematomas o moretones con facilidad y sin que te des cuenta;
  • se forman arrugas y manchas,
  • la piel se siente seca y puede resquebrajarse o causar picazón,
  • la piel se afloja, se cae o se cuelga. En el rostro, por ejemplo, podrías ver esto en las cejas, los párpados, debajo de las mejillas y de la mandíbula y los lóbulos de las orejas podrían verse más largos.

¿Te están ocurriendo alguna de estas cosas? No te desesperes. Si bien no podrás evitar que el tiempo pase, sí puedes tomar algunas medidas sencillas para proteger a tu piel a lo largo de este proceso.

¿Cómo? Cuidándote del sol, como primera medida, que además de manchas, resequedad y arrugas, hasta puede causar cáncer de la piel. Si vas a estar al aire libre, utiliza siempre un bloqueador solar de buena calidad, aún en el invierno, y si es necesario utiliza prendas para protegerte, como sombreros. Si bien no se puede rectificar completamente el daño provocado por el sol, puedes retrasar o disminuir los cambios asociados con el envejecimiento.

Además, hay otros cuidados que pueden ayudarte a proteger a tu piel, dependiendo de los cambios que vayas notando. La buena nutrición y el consumo de los líquidos necesarios, por ejemplo, para evitar que la piel se deshidrate.

Otras medidas preventivas son:

  • Mantener a la piel hidratada con lociones o cremas.
  • No usar jabones con mucho perfume.
  • No bañarse con agua muy caliente.
  • Evitar fumar y combatir el estrés.
  • Evitar exponerte a riesgos que no son necesarios como caídas por accidentes que se pueden prevenir. Por ejemplo, no se recomienda el uso de aceites de baño, ya que pueden hacer que te resbales y te caigas.  Y tener más cuidado para prevenir posibles golpes.
  • Si tu piel está muy seca y te pica (te da comezón), consulta a tu médico, ya que esta condición puede afectar la calidad de tu sueño, te puede causar irritabilidad o ser un síntoma de otra enfermedad, como diabetes o problemas del riñón.
  • Para combatir la piel seca, considera el uso de un humidificador (un aparato que añade humedad al cuarto).
  • No te rasques con fuerza, ni te frotes la piel.

Puesto que la mayoría de los cambios de la piel están relacionados con la exposición al sol, la prevención es un proceso de toda la vida. Y si bien es cierto que, cuanto antes comiences, mejores serán los resultados, nunca es tarde para emprender esta tarea y siempre es positivo modificar los hábitos para mejorar tu calidad de vida.

Envejecer no significa que debes descuidar tu piel, ¡todo lo contrario! Sigue tratándola con cariño y dedicación para que llevar una vejez espléndida.

Imágen © iStockphoto.com / Duncan Walker

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