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Cuando no todo sale como pensabas durante tu embarazo, puede ser que hayas tenido un embarazo anembrionario. ¡Pero no te desanimes! Aquí vas a ver que es algo muy común y que no es el fin de tus sueños de ser madre.

Lucía estaba feliz por su embarazo. A las 5 semanas, ella y su marido ya le habían dado la buena noticia a toda su familia. Iban a ser padres. Esa semana, Lucía fue a una ecografía (un ultrasonido) y todo salió normal para ese corto período de gestación. Estaba más que feliz. Sin embargo a la octava semana, fue a otra ecografía y el sueño se derrumbó. La imagen de la ecografía mostraba el saco embrionario (es decir, la bolsa donde vive el bebé), pero no había bebé. “¿Cómo es posible esto?” Le preguntaba ansiosa al ecógrafo. “¿Acaso no estoy embarazada?”. “Si estás embarazada, pero el bebé no creció”, fue la respuesta.

Con esa noticia Lucía y su esposo se fueron de inmediato a donde su obstetra. Estaban completamente desorientados. ¿Dónde está el bebé? Se preguntaban. Al llegar, el obstetra les explicó que se trataba de un embarazo detenido, conocido con el nombre de “embarazo anembrionario” o “huevo vacío”, una de las causas más comunes de pérdida del embarazo en una etapa temprana.

Un embarazo anembrionario sucede cuando el huevo fertilizado desarrolla una placenta y una membrana, pero el embrión no se desarrolla. Se cree que la causa es una anormalidad en los cromosomas del huevo fertilizado. Por lo general, no está relacionado con ningún problema de salud de la pareja, es algo así como un “accidente de la naturaleza”. El cuerpo, en su infinita sabiduría, detecta algo que no está completamente bien en ese embrión y decide detener su desarrollo. Por lo general, un embarazo anembrionario ocurre en las primeras semanas de embarazo, en algunas ocasiones, incluso antes de que una mujer se de cuenta de que está embarazada.

Lucía tuvo todos los síntomas de embarazo, ya que un embarazo anembrionario se inicia como un embarazo normal, por lo que si la mujer se hace una prueba de embarazo, será positiva. Esto es debido a que la placenta produce la hormona del embarazo (la gonadotropina coriónica). Por lo general, este tipo de embarazo termina con un aborto espontáneo que puede presentarse con cólicos abdominales y sangrado. Algunas mujeres prefieren esperar a que el aborto ocurra naturalmente, mientras que otras prefieren tomar medicamentos recetados bajo estricta vigilancia del obstetra para inducir el aborto. En algunas ocasiones, es posible usar un procedimiento llamado dilatación y curetaje, o como se le conoce popularmente, un legrado, para remover el tejido de la placenta que queda dentro del útero de la mujer.

Tu médico te recomendará una nueva ecografía para asegurarse de que luego del aborto espontáneo o inducido por medicamentos o cirugía, no queda ningún resto de tejidos adentro de tu matriz. Una vez que superes el impacto psicológico que esto pudo traerte a ti y a tu pareja, puedes volver a intentar quedar embarazada. Lo ideal es que esperes a que tu primera menstruación normal llegue para hacerlo. Es necesario darle tiempo a tu cuerpo para que sane.

La mayoría de las mujeres que han tenido un embarazo anembrionario tienen embarazos perfectamente normales y exitosos después de esto.  Es el caso de Lucía, quien a los 4 meses de esta pérdida volvió a quedar en estado y ahora ya tiene una hermosa bebita. Así que ¡No te desanimes! El sueño de ser madre seguro que pronto se convertirá en realidad y esto pasará a la historia como una experiencia más.

Algo a tener en cuenta es que si tienes muchos abortos espontáneos, es probable que tanto tú como tu pareja deban ser sometidos a una serie de estudios para determinar la causa de las pérdidas frecuentes de embarazos.

Si tuviste un embarazo anembrionario, no estés triste, en realidad, dentro de ti nunca llegó a formarse un bebé, así que lo que perdiste fue la idea o la ilusión. ¡Pero sólo por ese momento! No pierdas la fe, sigue adelante y verás que todo va a tener un final feliz con un bebé en tus brazos y la alegría de tu pareja.

Ante cualquier duda, consulta siempre con ginecólogo-obstetra.

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