Tomar la decisión sobre el tratamiento de las fracturas de la muñeca puede ser complicado, nos dice la Mayo Clinic.

La muñeca está compuesta por ocho huesos pequeños en la base de la mano y dos en el antebrazo, el radio y el cúbito, que conectan el codo con los huesos de la muñeca. Cualquiera de esos huesos puede fracturarse, por lo que la fractura de la muñeca es una lesión ampliamente variable.

Una de las principales decisiones es elegir entre el tratamiento no quirúrgico y el quirúrgico. A veces, la elección es clara; pero en otras ocasiones, no es igual de patente. Los factores a considerar incluyen la salud general del paciente, el estilo de vida, la capacidad de tolerar la cirugía y el deseo de recuperar completamente la funcionalidad de la muñeca.

Una fractura simple de la muñeca, en la que el hueso no se desplaza fuera de posición ni se pierde la estabilidad, generalmente puede tratarse sin cirugía. Una férula o un yeso permiten mantener la estabilidad mientras la fractura sana.

Una fractura con desplazamiento del hueso, a veces se puede alinear nuevamente sin cirugía. Para ello, mediante un procedimiento llamado reducción cerrada, se aplica tensión a lo largo de todo el brazo y muñeca a fin de manipular la fractura hasta alinearla correctamente. El procedimiento requiere de anestesia local u otro tipo de anestesia. Cuando la reducción cerrada surte efecto y se mantiene el alineamiento correcto, una férula o un yeso permiten estabilizar el hueso mientras sana.

La cirugía para alinear y estabilizar la fractura, conocida como alineamiento abierto, generalmente se realiza cuando la reducción cerrada no logra alinear el hueso o no puede mantenerlo en su sitio. La cirugía permite estabilizar la fractura con clavos, barras, placas o tornillos. La operación suele también ser conveniente cuando la fractura se extiende hacia la articulación de la muñeca o la altera.

¿Operarse o no operarse?

En fracturas más complejas, la cirugía maximiza la probabilidad de que la funcionalidad de la muñeca sea la mejor posible después de la recuperación; mientras que el tratamiento no quirúrgico evita las posibles complicaciones de la cirugía, tales como infección, daños a nervios, vasos sanguíneos o tendones, dificultades con las piezas metálicas colocadas, o la necesidad de otra operación. Con el tratamiento no quirúrgico, la fractura podría no alcanzar la alineación óptima, lo que deriva en la pérdida del movimiento completo o de la funcionalidad de la muñeca.

Decidir cuál es el mejor tratamiento puede ser complicado, estar lleno de matices y merecer una segunda opinión. Por ejemplo, los ancianos que no realizan mucha actividad podrían optar por el tratamiento no quirúrgico, aunque con la posible pérdida de parte de la funcionalidad de la muñeca, a fin de evitar la cirugía.

El tiempo de recuperación varía según la salud general de la persona, la gravedad de la fractura y cualquier complicación que se presente, pero normalmente se requieren seis a ocho semanas. La rigidez de la articulación puede demorar en desaparecer un par de meses o hasta un año, y un cierto grado de rigidez o dolor podría quedar por siempre.

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