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Como a muchos adultos, probablemente te guste beber una copa de vino o una cerveza con frecuencia. Pero ten cuidado: el alcohol puede aumentar tu riesgo de padecer de ciertos tipos de cáncer.  

Es cierto que el consumo moderado de alcohol al parecer reduce las probabilidades de enfermedades del corazón, pero según la Sociedad Americana Contra el Cáncer (American Cancer Society), hay evidencias de que incrementa el riesgo de padecer de varios tipos de cáncer.

En el 2007 un grupo de expertos, citados por World Health Organization’s International Agency for Research on Cancer (IARC), revisaron la evidencia científica sobre la relación entre el alcohol y el cáncer en 27 sitios del cuerpo. El resultado fue que encontraron suficientes pruebas de que consumir alcohol puede causar cáncer en la boca, en la garganta, en la laringe, en el esófago, en el hígado, en el colon y en el recto. También es causa de cáncer del seno en las mujeres, incluso cuando se consume alcohol en pequeñas cantidades.

Otro estudio, publicado en el  American Journal of Public Health, atribuye 6,000 muertes anuales en los Estados Unidos al consumo del alcohol. Según Timothy Naimi, un profesor adjunto del School of Medicine and School of Public Health, uno de los autores del estudio, estas muertes se deben a beber con moderación, o sea, un trago y medio al día o menos. Pero si el consumo de alcohol es mayor de esa cantidad, el total de muertes debido al cáncer sube a 20,000 al año (3.5% de todas las muertes de cáncer en el país).

¿Por qué aumenta el alcohol el riesgo de padecer cáncer?

La razón no se conoce totalmente, ya que el riesgo puede depender de distintos factores, incluyendo el tipo de cáncer. Algunas razones son las siguientes:

  • Cáncer de la boca (oral), cáncer de la garganta, cáncer de la laringe y cáncer del esófago. El alcohol actúa como un irritante y daña los tejidos del cuerpo, sobre todo en esas áreas. Pero si además fumas, el riesgo se acrecienta, particularmente en la boca y en la garganta. Puede deberse a que el alcohol disuelve otras sustancias dañinas al cuerpo, como las que se encuentran en el humo del tabaco, contribuyendo así a que penetren con más facilidad en el revestimiento de las células de la parte superior del tracto digestivo. El alcohol, además, disminuye la capacidad de las células de reparar el daño causado por los agentes químicos del tabaco. Como las células dañadas tratan de repararse a sí mismas, ocurren cambios en el ADN, lo que puede dar lugar al cáncer.
  • Cáncer del hígado. El consumo regular de alcohol en cantidades elevadas daña al hígado, produciendo inflamación y cicatrices. Eso a su vez aumenta el riesgo de cáncer.
  • Cáncer del colon y el recto. Sobre todo en los hombres, el alcohol se ha relacionado con un mayor riesgo de estos dos tipos de cáncer, aunque también afecta a las mujeres. La bacteria en esas áreas puede convertir el alcohol en grandes cantidades de acetaldehído, una sustancia química que causa cáncer en los animales de laboratorio.
  • Cáncer del seno. Incluso algunos tragos a la semana aumentan el riesgo de cáncer de mama en las mujeres, especialmente si no reciben suficiente folato o ácido fólico (una vitamina B necesaria para la salud). El alcohol disminuye la capacidad del cuerpo de absorber el ácido fólico de los alimentos o los suplementos, y un nivel bajo de folato aumenta el riesgo de desarrollar cáncer del seno en las mujeres.

Por otra parte, al alcohol también eleva los niveles de estrógeno, una hormona importante en el crecimiento y el desarrollo de los tejidos del seno. Eso también puede aumentar el riesgo de cáncer de seno en las mujeres.

No es que tengas que dejar de disfrutar de un trago de vez en cuando, pero recuerda hacerlo con moderación. Consumir un poco menos de alcohol puede ser un verdadero salvavidas para muchas personas. A la hora de consumir bebidas alcohólicas, guíate por las recomendaciones de la Sociedad Americana Contra el Cáncer, que sugiere limitar el consumo de alcohol a no más de dos bebidas al día para los hombres y una bebida para las mujeres. La diferencia se debe a que las mujeres suelen tener menor talla corporal que los hombres y un metabolismo más lento para procesar el alcohol.

Es cierto que el alcohol se ha relacionado con un menor riesgo de enfermedades cardíacas, pero hay otros modos de reducir o evitar los problemas cardiovasculares. Lleva una dieta sana baja en grasas saturadas y grasas trans, no fumes, conserva un peso saludable, haz ejercicio regularmente y mantén tus niveles de glucosa (azúcar) y colesterol en la sangre y tu presión arterial bajo control. Todo eso está al alcance de tu mano, y con ello, puedes ayudar a proteger a tu corazón.

 

Imagen © iStock / ene

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