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La incontinencia fecal, o fuga inesperada de las heces por el recto, se calcula que afecta a 8 por ciento de la población estadounidense general y a 15 por ciento de la población de 70 años o más, dice la Mayo Clinic Health Letter.

Es difícil determinar la cantidad exacta porque muchas personas se muestran renuentes a hablar sobre esta afección, incluso con sus propios médicos. Los síntomas pueden oscilar desde la fuga ocasional de heces al expeler gases hasta la pérdida total del control del intestino. Las posibles causas subyacentes son muchas, pero también son varios los tratamientos conservadores que surten efecto.

Las causas de la incontinencia fecal pueden incluir:

  • Daño en los músculos que cierran el ano, debido a un parto, a las hemorroides o a una cirugía para cáncer.
  • Daño nervioso asociado a un parto, al hábito de pujar para defecar, a una lesión de la médula espinal, a un accidente cerebrovascular o a enfermedades tales como la diabetes o la esclerosis múltiple.
  • Estreñimiento crónico que puede derivar en una masa dura de heces secas imposible de expeler. Los músculos circundantes terminan por debilitarse, permitiendo la fuga de heces líquidas por los costados de la masa.
  • Diarrea que puede empeorar la incontinencia fecal.
  • Menor capacidad de almacenamiento en el recto debido a su rigidez. Los cambios producidos por la radioterapia, una cirugía del recto, o la enfermedad inflamatoria del intestino pueden reducir la capacidad de almacenar las heces.

Después de diagnosticar la causa de la incontinencia fecal, el médico posiblemente recomiende varios tratamientos, tales como:

Cambios alimenticios. Cuando el estreñimiento es un problema, beber más líquidos e ingerir alimentos con alto contenido de fibra puede ayudar. La ingesta adecuada de fibra también puede ayudar con la diarrea porque forma volumen en las heces.

  • Se podrían recomendar antidiarreicos o laxantes, dependiendo de la causa subyacente. A veces, los medicamentos administrados para otras afecciones pueden contribuir a la incontinencia fecal y lo adecuado sería cambiarlos.

Biorretroalimentación y ejercicios para el piso pélvico. Recuperar la fuerza en los músculos del piso pélvico puede mejorar el control del esfínter anal y la concienciación de querer defecar. La biorretroalimentación sirve para entrenar al paciente a contraer y relajar correctamente el piso pélvico.

Entrenamiento intestinal. Establecer un momento concreto en el día para defecar puede ayudar, especialmente cuando se cuenta con suficiente tiempo y no hay apuro.

Estimulación eléctrica. Este tratamiento relativamente nuevo es una alternativa cuando otras terapias conservadores no han funcionado. Se implanta un dispositivo debajo de la piel de la parte superior de las nalgas que administra pequeños impulsos eléctricos continuos al nervio sacro para ayudar a fortalecer los músculos del intestino.

Cirugía. La cirugía puede mejorar los síntomas cuando la causa subyacente está vinculada a un daño en el piso pélvico o a lesiones musculares que afectan el esfínter anal.

A pesar de que la incontinencia fecal sea más común entre las personas de mediana edad y los ancianos, no necesariamente es parte inevitable del proceso de envejecimiento. Un mejor entendimiento del trastorno, la concienciación del mismo y las mejoras tanto en el diagnóstico como en el tratamiento permiten ahora ayudar a más personas.

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