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  • Cerca del 40 % de la población en los Estados Unidos tiene obesidad, siendo mayor esta cifra entre latinos y afroestadounidenses y empezando a afectar de forma muy significativa a la población infantil
  • Uno de los principales problemas derivados de la obesidad es que esta multiplica por dos el riesgo de padecer insuficiencia cardiaca por el incremento de la inflamación, la resistencia a la insulina y cambios en la anatomía del corazón
  • La insuficiencia cardiaca en personas con obesidad está infradiagnosticada porque los síntomas principales como la disnea o falta de aire y los problemas para realizar actividad física se suelen atribuir a la propia obesidad, en lugar de a la insuficiencia cardiaca

En un mundo donde los estilos de vida sedentarios y las opciones alimenticias poco saludables se han vuelto omnipresentes, la obesidad se ha convertido en un desafío de salud global de proporciones alarmantes. Pero lo que muchos no comprenden completamente es el impacto devastador que esta epidemia de peso excesivo tiene en muchos niveles de nuestra salud. La obesidad no solo es una preocupación estética, sino también un detonante silencioso de problemas cardíacos graves.

En los Estados Unidos, la obesidad se ha convertido en un problema significativo que afecta a personas de todos los niveles de ingreso y escala social. Cerca del 40 % de los adultos en este país padecen de obesidad, y el aumento en sus tasas es alarmante. Así, en el año 2020 la tasa de obesidad supero el 42 %, la más alta jamás registrada. Esta tasa es aún mayor entre los latinos y aforestadounidenses, donde la cifra alcanza ya el 47 %.

También es importante tener en cuenta como las cifras de obesidad infantil son ya preocupantes. Cerca de 26% de los menores latinos en Estados Unidos son obesos, en comparación con 22% de los menores afroestadounidenses, 14% de los menores de raza blanca y 11% de los menores de origen asiático. Padecer de obesidad infantil incrementa en gran medida el riesgo de convertirse en un adulto obeso, y si la tendencia actual continúa, más de la mitad de los niños de hoy sufrirá de obesidad para cuando tenga 35 años.

Uno de los principales problemas derivados de la obesidad es que esta multiplica por dos el riesgo de padecer insuficiencia cardiaca. De hecho, algunos estudios estiman que el riesgo de insuficiencia cardiaca aumenta un 5% en el caso de los hombres, y un 7% en el de las mujeres, por cada punto de incremento en el índice de masa corporal. “Esto se explica porque la presencia de adiposidad visceral se asocia con un incremento de la inflamación, resistencia a la insulina, una hipertrofia del ventrículo izquierdo, disfunción diastólica y sistólica del mismo, así como con una disfunción arterial y del músculo esquelético, todo lo cual puede llevar al desarrollo de la insuficiencia cardiaca”, explica la Dra. Nuria Vilarrasa, especialista en Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario de Bellvitge de Barcelona, España.

Aunque este problema cardiaco puede originarse en todas las personas con obesidad, aquellas que tienen un mayor riesgo son las mayores de 65 años y/o las que padecen hipertensión arterial, diabetes tipo 2, insuficiencia renal crónica, cardiopatía isquémica y fibrilación auricular. “Todavía las cifras son poco conocidas porque está infra diagnosticada, pero aproximadamente un 80% de los pacientes con insuficiencia cardíaca viven con sobrepeso/ obesidad”, añade la Dra. Vilarrasa, quien también es miembro del área de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

En este sentido, la Dra. Vilarrasa lamenta la dificultad que hay para detectar la insuficiencia cardiaca en personas con obesidad. “Los síntomas principales como la disnea o falta de aire y los problemas para realizar actividad física se suelen atribuir a la propia obesidad, en lugar de a la insuficiencia cardiaca”, matiza la experta.

Por ello, la Dra. Nuria Vilarrasa subraya la importancia de que los profesionales sanitarios que atienden a pacientes con obesidad tengan la sospecha clínica de la insuficiencia cardiaca y les exploren para descartar la presencia de edemas o crepitantes en la auscultación. Asimismo, ante la sospecha es aconsejable realizar otras pruebas como, por ejemplo, un electrocardiograma, la determinación de biomarcadores plasmáticos como el proBNP y para su confirmación una ecocardiografía cardiaca u otras técnicas de imagen.

En el caso de que se detecte una insuficiencia cardiaca es necesario que, además del tratamiento médico, los pacientes se adhieran a una dieta saludable y realización de ejercicio físico, ya que se ha observado que una pérdida de peso del 10% mejora este problema cardiaco e, incluso, puede revertirlo.

 

Por Miguel Ramudo
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Imagen: ©Shutterstock / chalermphon_tiam

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