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Los tratamientos no invasivos ofrecen buen apoyo a los arcos caídos 

El dolor continuo en la parte interna del pie y tobillo amerita una visita al médico, dice la Mayo Clinic. Ese tipo de dolor puede ser un síntoma del arco caído (arco vencido), un cambio ocurrido en aquel tendón que normalmente ofrece estabilidad al caminar y sujeta el arco del pie.

Cuanto antes se identifique este problema, conocido como disfunción del tendón tibial posterior, más posibilidad hay de que un tratamiento no invasivo surta efecto; y por el contrario, cuando se deja sin tratamiento, el tendón continúa degenerándose.

El tendón posterior corre por la porción interna de la parte inferior de la pierna, partiendo desde el músculo de la pantorrilla y uniéndose a los huesos dentro del pie. Entre los problemas más comunes del pie y tobillo están las lesiones de este tendón, que pueden suscitarse por el desgaste natural propio del transcurso del tiempo, debido a su uso excesivo en deportes de alto impacto, o por sufrir una caída.

La obesidad, la diabetes, la hipertensión y las inyecciones de esteroides pueden aumentar el riesgo de la disfunción del tendón tibial. Los arcos caídos son más comunes entre los adultos mayores de 40 años y las mujeres suelen presentarlos con más frecuencia que los hombres.

Los síntomas incluyen: hinchazón en la parte interior del tobillo; dolor que empeora al realizar alguna actividad o caminar sobre piso desigual; dificultad para caminar o permanecer de pie durante períodos prolongados; y por último, dolor en la parte exterior del tobillo debido al desplazamiento hacia fuera del hueso del talón.  

El diagnóstico requiere de un examen físico y suele incluir también radiografías u otros exámenes radiológicos. El tratamiento depende de la extensión del problema del tendón, pues el objetivo es reducir el dolor, estabilizar el pie y evitar más daños a la integridad del pie.

Las alternativas conservadoras de tratamiento incluyen lo siguiente:

  • Suspender o disminuir aquellas actividades que empeoran el dolor del pie.
  • Aplicar compresas frías en la zona adolorida, tres o cuatro veces diarias, hasta por 20 minutos a la vez.
  • Tomar antiinflamatorios no esteroides, como el ibuprofeno (Advil, Motrin IB y otros) o el naproxeno  (Aleve y otros) para disminuir la inflamación.
  • Perder peso y participar en actividades físicas de bajo impacto.
  • Usar un yeso corto para la pierna o una bota ortopédica para estabilizar el tendón.
  • Usar aparatos ortopédicos para controlar la posición del pie.

La cirugía puede considerarse cuando el dolor no mejora después de seis meses de tratamiento conservador. Entre las alternativas quirúrgicas están reemplazar el tendón dañado con otro tendón del pie, realinear los huesos para crear un arco más normal y fusionar las articulaciones para estabilizar el dorso del pie.

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Imágen © iStockphoto.com / David Marchal

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