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El orgasmo femenino a lo largo de la historia ha sido ignorado y ninguneado. En algunas épocas ha sido especialmente relegado, sobre todo con la llegada de las religiones monoteístas, con una visión de la sexualidad con fines principal o exclusivamente reproductivos, en los que la masturbación -y especialmente la femenina- era una práctica prohibida o castigada.

El sexólogo y escritor Sergio Fosela explica a Vida y Salud que en muchas religiones y culturas la única práctica sexual permitida era el coito. “Y sabemos que aproximadamente un 70% de las mujeres solo llegan al orgasmo por medio del estímulo del clítoris. Por tanto, si solo se permitía practicar el coito, una gran parte de las mujeres dejaron de poder disfrutar de sus orgasmos porque la masturbación estaba prohibida por motivos religiosos”.

En la época victoriana era una creencia popular pensar que la única manera en la que se podía llegar al orgasmo era mediante el coito. “El clítoris se olvidó, se dejó de lado el orgasmo femenino y todo lo relacionado con él. Y entonces la mujer que no llegaba al orgasmo, pues no importaba porque se consideraba que era secundario. Lo importante era que se satisficiera al hombre y la mujer tenía un rol más complaciente”, indica este experto.

La anatomía y fisiología de los hombres es diferente, por lo que la mayor parte de ellos no tienen problemas para alcanzar el orgasmo mediante la práctica del coito. “Además, algunos de ellos llegan muy rápido”. Si tenemos en cuenta que en muchas ocasiones en esa época lo habitual era realizar el coito de una forma muy directa, sin otro tipo de prácticas o estímulos, podemos entender por qué se dejó de lado la importancia del orgasmo femenino. Se llegó a pensar, incluso, que muchas mujeres no eran capaces de tener orgasmos. “Se ignoró durante mucho tiempo su anatomía y fisiología”, detalla el experto.

Brecha orgásmica

A partir de la década de los años 70, de la mano del movimiento hippie, se comenzó a vivir una “revolución sexual” que rompió con muchos mitos y barreras del pasado. En esos años se redescubrió el clítoris, la masturbación femenina y, con ello, comenzó “por fin” la reivindicación del placer y el orgasmo femenino, señala Sergio Fosela.

“Aun así, y aunque se va reduciendo paulatinamente, todavía a día de hoy tenemos una brecha orgásmica bastante alta”. Este concepto se refiere a la proporción de hombres y mujeres que alcanzan el orgasmo durante los encuentros sexuales.

Según una reciente encuesta internacional realizada por la marca de juguetes sexuales We-Vibe, en la que participaron 14.500 personas, el 48,6% de los hombres dice que “siempre” alcanzan el orgasmo durante el sexo con penetración. En comparación, solo el 20,3% de las mujeres informan lo mismo, lo que genera una brecha del 28,3%. Además, cuando se les pregunta quién suele llegar al clímax primero durante el coito, el 42,2% de las mujeres dice que su pareja (masculina) llega al clímax antes que ellas.

La razón principal de esta brecha es que la mitad de las mujeres informan que necesitan una estimulación adicional del clítoris para alcanzar el orgasmo durante el sexo con penetración (el 23,7% la necesita “siempre” y el 24,8% la necesita al menos el 75% de las veces) y solo el 14% dice que no lo necesita para llegar al clímax.

Según esta encuesta, en España, esta brecha es del 17%, ya que según los datos facilitados por los participantes el 50,8% de los hombres “siempre” alcanza el orgasmo durante el coito en comparación con el 33,8% de las mujeres. A nivel mundial, Italia tiene la brecha más grande (38,3%) con el 62,7% de los hombres logrando el clímax en comparación con el 24,4% de las mujeres, seguida de Rusia (36,6%) y Nueva Zelanda (36,2%).

Sergio Fosela destaca que, aunque cada vez se da más importancia al placer femenino, “todavía queda mucho trabajo por hacer para conseguir equidad en las relaciones sexuales”. Otro dato destacable de estudios recientes es que existe una mayor proporción de mujeres que alcanzan el orgasmo entre las parejas homosexuales respecto a las heterosexuales.

¿Cuándo hay que consultar a un experto?

Como en muchos otros aspectos de la sexualidad, no existe “lo normal”. Cada persona es diferente y existen muchas “normalidades”. Lo importante es tener claro que “lo que no es normal o no está bien es cuando algo nos genera preocupación, angustia, ansiedad. Por ejemplo, una mujer que no tiene orgasmos, pero eso no le supone ningún problema porque disfruta muchísimo de su sexualidad, de sus relaciones sexuales y de su pareja sin ningún tipo de angustia o ansiedad, eso es perfectamente normal. Está bien, no hay nada malo ahí”, nos indica este sexólogo.

El problema radica cuando algo nos genera preocupación o malestar. “Incluso una persona puede tener orgasmos en todas sus relaciones sexuales, pero no quedar satisfecha con ello. Cuando se generan sentimientos negativos es cuando podemos considerar que algo no es normal o que es adecuado acudir a un experto en busca de ayuda”.

El primer paso cuando una mujer no se siente que sus relaciones sexuales son satisfactorias consiste en descartar un problema orgánico o fisiológico. “Los profesionales indicados en este caso son los del campo de la ginecología y los fisioterapeutas del suelo pélvico. Si estos especialistas descartan algún tipo de disfunción o patología, entonces lo recomendable es acudir a un sexólogo”.

Recomendaciones para una vida sexual más satisfactoria

Sergio Fosela, que es experto en terapia sexual y sexitiva detalla que una gran parte de las dificultades que tienen las mujeres que acuden a su consulta tienen que ver con la falta de información o de autoconocimiento, así como con una educación limitante.

Para él, la clave para conseguir no sólo mejores orgasmos femeninos sino, en general, una vida sexual más satisfactoria consiste en una buena comunicación entre la pareja. “Comunicación y entendimiento, eso es lo más importante en la sexualidad”. En concreto, es necesario tener en cuenta:

  • No esperar a que la otra persona adivine lo que queremos
  • Indicar de forma asertiva lo que no nos gusta
  • Dar señales ya sea verbales o no verbales de lo que nos gusta
  • Guiar a nuestra pareja cuando sea necesario
  • Ser empáticos y generosos
  • Si no sabemos lo que nos gusta, indicar lo que no nos gusta y explorar
  • Mejorar el autoconocimiento mediante la exploración de nuestro propio cuerpo
  • No conformarnos con lo que nos hacen por timidez
  • Recordar que es tan importante dar como recibir placer

Sergio Fosela destaca que, cuando nos hacen algo que no nos gusta y no lo decimos, lo que ocurre es que baja la excitación. “Hasta que por fin mi pareja hace algo que me gusta y entonces me sube la excitación. Esto es como una montaña rusa: la excitación sube y baja sin lograr entrar en una fase de meseta excitatoria que me lleve a un orgasmo muy potente. Sin embargo, si yo me comunico, digo, explico y guio, no sólo verbalmente sino también con la expresión de mi cuerpo, entonces la excitación va a ser muy alta, muy potente y por lo tanto tendremos como consecuencia un orgasmo mejor”.

La terapia sexual para la anorgasmia o dificultad de las mujeres para alcanzar el orgasmo primero consiste en realizar una valoración inicial de lo que ocurre. En muchas ocasiones sólo es necesario dar información o educación sexual. Cuando eso no es suficiente, se suelen indicar algunos ejercicios para realizar ya sea de forma individual, o bien, en pareja. Lo importante es tener presente que la mayor parte de estos problemas tienen una solución y muchas veces es mucho más sencilla de lo que parece, finaliza este experto.

 

Por Karla Islas Pieck
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Imagen: ©Shutterstock / BearFotos

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