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“Son una maravilla… son buenas para tu salud, te hacen sentir mejor, te dan más energía, te ayudan a prevenir enfermedades e incluso a curarlas…”, dice una mujer en la televisión mientras muestra un frasco lleno de pastillas. Si todo lo que dice la publicidad de los suplementos fuera cierto, serían “pastillas mágicas”. ¿En realidad los suplementos son tan buenos? Vida y Salud responde a tus interrogantes.

¿Qué son los suplementos?

Son productos que sirven para complementar tu dieta con vitaminas y minerales adicionales. Algunos los llaman “suplementos dietéticos”, “suplementos nutricionales” o “multivitamínicos”. Pueden contener también hierbas y otros productos botánicos, aminoácidos o enzimas. Y generalmente los encuentras en tabletas, cápsulas, líquidos, polvos o barras nutricionales.

¿Son necesarios?

Los suplementos no siempre son necesarios. Si te alimentas bien comiendo una dieta balanceada con los diferentes grupos alimenticios: frutas, vegetales, granos integrales, legumbres, carnes y pescados, generalmente tu cuerpo recibe todos los nutrientes que necesita para funcionar adecuadamente y estar saludable. Pero si tienes dudas, lo mejor es consultar a tu médico o a una dietista registrada que conoce tu caso particular.

Hay algunas excepciones como en el caso de las mujeres en la edad de la reproducción en quienes se recomienda que tomen 400 cg de ácido fólico para prevenir malformaciones congénitas, las vitaminas prenatales en las mujeres embarazadas y la vitamina B12 en personas mayores de 50 años en quienes la absorción disminuye. Los suplementos de calcio y vitamina D son para todos, sólo si el consumo en los alimentos no es adecuado o si se detecta un problema. Los pediatras recomiendan suplementos de Vitamina D a los bebés que comen exclusivamente leche materna.  Pero cuánto tomar y de cuál, lo mejor es escuchar a su médico y, generalmente no tienen que ser caras.

¿Entonces son una “pastilla mágica”?

¡No! Aunque los suplementos de vitaminas y minerales ayudan en los casos en que están indicados, nunca reemplazarán la comida, pues los alimentos reales tienen mucho más que eso. Además, no es cierto que hagan milagros, pues por sí solos no te ayudan a evitar enfermedades, tampoco son una medicina para curarlas. Son un suplemento, nada más. Hay cosas que nunca están indicadas, como los vegetales en polvo. Pregúntale a una dietista registrada.

¿Cuánto se puede tomar?

No siempre es cierto que al tomar más, los efectos aumentan. Al contrario, el consumir una cantidad mayor de suplementos a veces no sólo es inútil, sino que además puede ser nocivo. En grandes cantidades, los suplementos pueden volverse tóxicos para tu cuerpo. Un suplemento al día podría no hacerle daño a una persona,  pero quizá no sea recomendable para otra. Y no es aconsejable consumir los que ofrecen “megadosis”, pues te dan más de lo que tu cuerpo necesita. Y a veces aunque sea algo “natural”, no es lo mismo comer un alimento que ingerir “un compuesto” en concentraciones mucho más elevadas cuando frecuentemente no hay estudios que nos digan qué sucede a largo plazo con ese compuesto y sí hay estudios que muestran que con muchos más no es mejor, puede ser peor.

¿Cómo sé si son buenos?

La producción de suplementos está poco regulada y para salir a la venta no necesitan autorización de la FDA (Food and Drug Administration). Por lo mismo, es posible encontrar suplementos que realmente no cumplen con todos los beneficios que te ofrecen, que no son tan “naturales” como los venden, o que usan ingredientes que todavía no se han probado como seguros.

Pero no todos los suplementos son nocivos ni hacen promesas falsas. Hay que saber elegir bien y siempre consultar con tu médico.

Y ¿cómo elegir bien un suplemento?

Mira los tips en este artículo de Vida y Salud.

 

Imagen © Thinkstock / David Shwatal

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