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Por Catherine Ulbricht, Pharm.D. (Doctora en Farmacia)

Si eres como la mayoría de la gente de hoy, tu horario está para reventar. Lo más probable es que llevas un estilo de vida ajetreado, trabajando largas horas, llevando a tus hijos a la práctica de fútbol, y tratando de encontrar un momento par hacer tu ejercicio diario. Es difícil acordarte de pasear al perro o de llamar a tu mamá — olvídate de encontrar el tiempo para dormir lo suficiente — por lo que decides depender de la cafeína y la adrenalina para sobrevivir tu semana.

Aunque es común sentirse estresado y agotado de vez en cuando, si experimentas estos síntomas todo el tiempo, puedes tener una condición llamada síndrome de fatiga crónica (SFC). Este trastorno provoca fatiga extrema y puede no mejorarse incluso con abundante reposo. Los síntomas parecidos a los de la gripe que se asocian con el trastorno pueden durar años. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los EEUU (CDC, por sus siglas en inglés) descubrieron la enfermedad en 1988, pero su causa sigue siendo desconocida.

Se cree que el síndrome de fatiga crónica ocurre después de una infección o un período de mucho estrés. Aunque la enfermedad se puede desarrollar en cualquier momento de la vida, los CDC informan que es más común entre las personas de 40 a 59 años de edad. En ocasiones el SFC se observa en varios miembros de una misma familia, aunque no hay evidencia científica que sugiera que la enfermedad es contagiosa. Sin embargo, los investigadores sospechan que puede haber un vínculo genético a la enfermedad, aunque se necesita más investigación para confirmar si esto es cierto.

Las mujeres son diagnosticadas con el síndrome de fatiga crónica de dos a cuatro veces más que los hombres, pero no está claro si esto se debe a que la enfermedad afecta a más mujeres o a que más mujeres reportan la condición a sus médicos, en comparación con los hombres.

Según los CDC, cerca de un millón de estadounidenses padecen SFC. Esta enfermedad afecta a más estadounidenses que la esclerosis múltiple, el lupus, el cáncer de pulmón o el cáncer de ovario.

Se han estudiado muchas terapias naturales y alternativas para el tratamiento del síndrome de fatiga crónica, aunque se necesita más investigación para apoyar su eficacia en el manejo de esta condición.

Uno de estos tratamientos es el ginseng. La palabra “ginseng” se deriva de ren-shen, una palabra china que significa “esencia de la tierra en forma de hombre” o “raíz hombre”, que se a la forma casi humana de la raíz. El ginseng se ha utilizado en la medicina tradicional china (MTC) durante más de 2.000 años y se cree que aumenta el apetito y la fuerza, además de mejorar la memoria y el rendimiento físico. También se cree que ayuda a reducir la fatiga y el estrés y a mejorar la calidad de vida en general.

Cuando haces compras en el supermercado, es posible que te topes con una fruta popular que también se ha estudiado para el tratamiento de la fatiga: el kiwi.

El kiwi es originalmente de la China, pero ahora se produce en Nueva Zelanda,  en los Estados Unidos, en Italia, en Sudáfrica y en Chile. Es rico en vitamina E, en serotonina y en potasio, y se sabe que tiene la mayor densidad de vitamina C de cualquier fruta. Se ha estudiado por sus beneficios para los pulmones y el corazón de la salud, pero también se cree que aumenta la energía.

También están los siempre populares suplementos de ácidos grasos omega-3, que se conocen por sus beneficios para el corazón y la protección contra el colesterol alto. Los omega-3, que se encuentran en los aceites de pescado y los aceites vegetales y de otros frutos, también han sido estudiados para la mejora de la energía y el metabolismo. Sin embargo, se necesita más investigación antes de llegar a una conclusión firme sobre estos beneficios.

Otro tratamiento alternativo que se ha propuesto para la fatiga es la terapia de relajación. Las técnicas de relajación incluyen varios enfoques terapéuticos conductuales que difieren ampliamente en su filosofía, su metodología y su práctica. Por lo general, su objetivo principal es la relajación no dirigida. La mayoría de las técnicas de relajación comparten varios componentes con el fin de aliviar el estrés: el enfoque repetitivo (en una palabra, un sonido, una frase u oración, una sensación corporal, o una actividad muscular), una actitud pasiva frente a los pensamientos intrusos, y un retorno a la atención tras una distracción. Se ha propuesto que las situaciones de estrés frecuentes pueden ocasionar efectos negativos en la salud, como la presión arterial alta, niveles elevados de colesterol, trastornos gastrointestinales, o el abatimiento del sistema inmunológico.

A pesar de que estas terapias naturales han dado resultados prometedores para algunos pacientes que sufren de fatiga, es importante tener en cuenta que cada uno tiene una calificación de “C” de Natural Standard. Esto indica que las pruebas científicas a favor de su eficacia para el tratamiento de la fatiga crónica faltan de claridad o son contradictorias, y que se necesita más investigación para confirmar sus beneficios potenciales.

Recuerda que debes consultar a tu médico o farmacéutico antes de comenzar cualquier nuevo régimen, inclusive de hierbas o suplementos. Un profesional médico puede ayudarte a decidir el mejor tratamiento para la fatiga.

Las terapias alternativas podrían ser una buena manera de aliviar tu cansancio y ayudarte a mejorar tu bienestar para que hagas frente a tu ajetreado día con fuerza y energía.

 

Originalmente publicado en Psychology Today: http://www.psychologytoday.com/node/102693

Publicado bajo permiso de la autora.

Imagenes © iStock / cokacoka; yungshu chao; Creativeye99

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