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Los sobrevivientes de cáncer deben prestar atención: corren un riesgo mucho mayor de padecer melanoma cutáneo, el quinto cáncer de mayor incidencia entre los hombres y el séptimo entre las mujeres (en Estados Unidos). Y el riesgo es todavía mayor entre los que han padecido melanoma previamente.

Muchas personas piensan que “un rayo no cae dos veces en el mismo lugar”, pero de acuerdo con la Dra. Michel Green, dermatóloga del Hospital Lenox Hill, de Nueva York, es un concepto equivocado en el caso del melanoma. De ahí la necesidad de que vigiles constantemente tu piel, si has padecido de ciertos tipos de cáncer en el pasado.

Según un estudio publicado en la edición de diciembre de la revista Archives of General Psychiatry, las personas que han padecido de cáncer tienen mayor riesgo de desarrollar melanoma cutáneo, uno de los tipos más peligrosos de cáncer de la piel. Las probabilidades aumentan si el paciente ha padecido de melanoma ocular (en el ojo), sarcoma de Kaposi, cáncer de mama, cáncer de próstata, linfoma o leucemia previamente. Y el riesgo es todavía mayor si se ya ha tenido un melanoma en la piel en otra área del cuerpo.

Los investigadores afirman que el factor de supervivencia es mayor si el paciente es mujer, tiene menos de 45 años al diagnosticarse el melanoma, es casado, de raza blanca, tiene una menor profundidad de las células del tumor (profundidad de Breslow) y no hay metástasis (es decir, el cáncer no se ha trasladado a otra parte del cuerpo). Es importante examinar la piel con cuidado, para descubrir a tiempo cualquier anormalidad, especialmente en las personas que han tenido un melanoma o cualquier tipos de cáncer que de los que ya mencionamos.

El melanoma puede ocurrir en cualquier parte del cuerpo, y el factor de riesgo principal es la exposición excesiva a los rayos ultravioleta del sol, aunque también hay otros factores, como el color de la piel y la genética. Cuando los rayos ultravioleta penetran en la capa interna de la piel, ésta produce más melanina (el pigmento que le da el color a la piel), y se broncea. Pero el bronceado no significa buena salud. Es sólo la reacción de la piel a una lesión. Las áreas más afectadas son las que reciben directamente la luz solar, como la espalda, los brazos, las piernas y la cara. También existen melanomas “escondidos”, en áreas que normalmente no reciben mucho sol, como la palma de las manos, la planta de los pies y debajo de las uñas, más frecuentes en las personas de piel oscura.

Entre los primeros síntomas que deben considerarse para detectar el melanoma están los cambios que se producen en los lunares, y los crecimientos o manchas extrañas en la piel. Los lunares normales suelen tener color uniforme, bordes parejos, forma ovalada o redonda y un tamaño menor de 6 milímetros (1/4 de pulgada). Si ves que un lunar tiene bordes irregulares, cambia de color, crece más de 6 milímetros, sangra o produce picazón comezón), debes de consultar al médico de inmediato.

Recuerda siempre estos factores que aumentan los riesgos de melanoma:

  • Exposición al sol en exceso.
  • Piel blanca. Como tiene menos pigmento (melanina) que la piel oscura, tu piel está menos protegida de los rayos ultravioleta.
  • Cabello rubio o rojizo.
  • Ojos azules o verdes.
  • Tener pecas o una piel que se queme fácilmente con el sol.
  • Sufrir quemaduras de sol en la piel durante la infancia o la adolescencia.
  • Usar con frecuencia camas o lámparas bronceadoras.
  • Vivir en lugares cercanos al ecuador o en zonas altas, que reciben mayor cantidad de radiación ultravioleta.
  • Tener muchos lunares. Más de 50 en el cuerpo aumenta el riesgo de melanoma.
  • Antecedentes personales o familiares de melanoma u otro tipo de cáncer de la piel.
  • Sistema inmunológico debilitado.

La buena noticia es que puedes prevenirlo

Es muy importante proteger la piel durante todo el año, no sólo en los días soleados o en la playa y durante actividades al aire libre. También puedes estar expuesto(a) a los rayos ultravioleta en los días nublados o con neblina. Seguir los siguientes pasos son importantes para todos, y en especial para los niños, cuya piel debe protegerse desde temprano:

  • Evita el sol del mediodía (entre las horas de 10 a.m. y 4 p.m.). Si no te es posible, protégete y, sobre todo, protege a los niños con sombrillas o toldos, o bajo un árbol.
  • Usa todo el año bloqueador solar, aplicándote una crema que contenga mínimo un factor protector de 15 (SPF, por sus siglas en inglés). Aplícalo en la piel expuesta, incluyendo labios, orejas, nuca y dorso de las manos. Y aplícatelo nuevamente cada dos horas o después de nadar o de sudar mucho.
  • Usa ropa protectora. Los bloqueadores no protegen 100%. También debes usar ropa que cubra brazos y piernas, así como sombreros de ala ancha y gafas para el sol.
  • Evita las camas y lámparas bronceadoras, que emiten radiación ultravioleta.
  • Familiarízate con tu piel, y examínala regularmente para detectar a tiempo cualquier anormalidad. Si notas cambios, consulta al médico.

El tratamiento para el melanoma depende de la fase del cáncer, de la salud, la edad y la elección personal.  Si el melanoma está en la primera fase, basta con la cirugía para extirparlo. Si se ha extendido más allá de la piel, además de la cirugía, puede incluir tratamientos adicionales de quimioterapia, radiaciones o terapia biológica. Esta última fortalece el sistema inmunológico, para ayudar al cuerpo a combatir el cáncer.

Como siempre te recordamos en Vida y Salud, la prevención es clave, especialmente si ya has padecido anteriormente de cáncer.

Imágen © iStockphoto.com / Dean Bertoncelj

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