Skip to main content

El mundo del bebé debe estar lleno de sonidos: desde aquéllos que le dan seguridad y placer, como la voz de mamá, o los que lo invitan a dormir como una canción de cuna. Que tu bebé oiga bien es importante: de su capacidad de escuchar depende en gran medida su relación con el mundo y en particular, su aprendizaje del lenguaje. Muchos hospitales realizan la prueba antes de que el bebé se marche a casa, pero si no, debe practicarse durante el primer mes de vida.

Cuando te entreguen a tu bebé después de dar a luz, lo abrazarás con toda la ilusión y el amor con que lo has esperado durante nueve meses, y con seguridad revisarás cada pedazo de su cuerpecito, contarás sus deditos, querrás ver el color de sus ojos y cada detalle de esta personita que acaba de llegar al mundo.

Tu bebé seguramente pasó con anterioridad por la “inspección” de las enfermeras, el obstetra o el pediatra que revisan el estado general del recién nacido en los primeros minutos de vida. Es lo que se conoce por la prueba de Apgar que evalúa sus reflejos, el ritmo de su corazón, su respiración, el color de la piel y el tono muscular. Pero posiblemente antes de que el bebé pueda irse a casa con sus padres, le harán también una prueba de audición (para ver cómo oye) en el hospital, que es lo que recomienda la Academia Americana de Pediatría.

¿Por qué es importante hacer esta prueba?

Según las estadísticas de esta misma institución, 2 a 3 de cada 1,000 bebés tienen problemas de audición (para oír) que se pueden detectar desde el nacimiento.  Cuanto antes se detecte una posible dificultad en la audición, más rápido puede comenzarse el tratamiento y a solucionarse el problema con ayuda de los especialistas y de los recursos disponibles en la comunidad. Según la Academia de Pediatría, cuando se interviene a tiempo, idealmente a los 6 meses de vida o antes, las posibilidades de que el bebé pueda desarrollar buenas habilidades de aprendizaje y del habla son muy altas. Muchos padres piensan que ellos mismos pueden ser capaces de detectar si el niño oye bien o no, pero no siempre es así. Es posible que el bebé responda a los ruidos o los sonidos intensos, pero no pueda detectar algunos más sutiles, y esto le dificultará hablar más adelante.  Solamente el o la pediatra o un(a) audiólogo(a) pueden determinar con certeza si el bebé oye bien o no. Llévalo a hacerse su prueba durante su primer mes de vida, o lo antes posible.

¿En qué consiste la prueba de audición?

El especialista puede utilizar cualquiera de las siguientes pruebas o las dos. Ambas son rápidas, duran de 5 a 10 minutos, no le causan ni dolor ni malestar al niño y hasta pueden hacerse mientras el bebé duerme o se está quietecito en tus brazos.

  1. Prueba de Emisión Otoacústica (OAE, por sus siglas en inglés). Se usa para determinar si las partes del oído responden adecuadamente al sonido. Durante la prueba se coloca en el canal del oído un audífono de esponja. El oído se estimula con sonido, y se mide el “eco”.  Como el eco se encuentra en todas las personas que oyen normalmente,  su ausencia podría indicar una pérdida de audición.
  2. Prueba de Respuesta Auditiva Troncoencefálica (ABR, por sus siglas en inglés). Este examen evalúa la forma en que el nervio auditivo responde a los sonidos. Se le colocan audífonos muy suaves en el oído al bebé y, mediante tres electrodos colocados en la cabeza, se mide la respuesta ante diferentes timbres o chasquidos.

Detectando la pérdida de la audición más adelante:

Es importante que tanto los padres, los abuelitos y las personas que están al cuidado de niños sepan y presten atención a ciertas señales ya que a veces la pérdida de la audición no se presenta hasta más adelante en el transcurso de la infancia y es entonces que los que están a cargo del niño  pueden reconocer estas señales de aviso. Por eso, aunque el bebé ya haya sido evaluado al poco tiempo de nacer, y la prueba haya dado un buen resultado, deben prestar atención si el niño muestra dificultad más adelante en las siguientes habilidades:

  • Durante el primer año: el niño(a) debe ser capaz de reaccionar ante ruidos fuertes, imitar sonidos (como los de los animalitos), y responder a su nombre.
  • A los dos años: e niño(a) debe imitar palabras sencillas, seguir juegos infantiles (las palmitas o a las escondidas), usar oraciones de dos palabras para pedir algo que quiere o necesita.
  • A los tres años: el niño(a) comprende conceptos como “ahora no”, “ya no más”, y ser capaz de seguir instrucciones simples.

Si tienes dudas o si detectas cualquier señal, consulta con el pediatra. En caso de que tus sospechas fueran ciertas, él o ella los referirá con un especialista o audiólogo(a), que se encargará de evaluar el grado de pérdida de audición del niño y te informará sobre las opciones de tratamiento y los dispositivos que se usan en la actualidad para compensar la pérdida de audición.  Recuerda que cuanto antes solicites ayuda para tu hijo(a), mayores posibilidades tendrá de superar cualquier deficiencia y de normalizar su crecimiento y su aprendizaje.

 

Imagen © iStock / Christopher Steer

 

Comentarios de nuestra comunidad