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Dos de los trastornos mentales más comunes en los países occidentales son la depresión y la ansiedad. No es raro que se hable de ellos de forma conjunta, pero no debemos perder de vista que quienes los sufren pueden tener comportamientos muy diferentes. Así, mientras la ansiedad suele ocasionar irritación o miedo, problemas para mantener el sueño e incluso hiperactividad, en la depresión es más habitual el sentir tristeza, dormir mucho más de lo habitual o sentirse demasiado cansado para realizar cualquier actividad la mayor parte del tiempo.

La pandemia de covid-19 ha supuesto un fuerte impacto en la salud mental de las personas y ha ocasionado que estos problemas afloren y sean más visibles que antes, venciéndose también ciertos tabúes que hacían que muchas veces los afectados ocultaran su problema. Hablar de estas enfermedades ha ayudado en cierta manera a que desaparezca el estigma, pero aun así no siempre es fácil que las personas que las sufren reconozcan su problema.

Pero esto tampoco es igual en todos los casos y es importante tenerlo claro. Los pacientes con ansiedad suelen pedir ayuda profesional con más facilidad. Los pacientes con depresión a veces sienten que el problema radica en ellos, que no tiene solución, o no tienen energía ni para pedir ayuda. El paciente suele ver que algo está fallando, pero quizá no lo contempla como un problema médico, con un tratamiento potencialmente eficaz”, señala el doctor Guillermo Lahera, profesor titular de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá de Madrid y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental.

Coincide con estas afirmaciones el doctor Luis Miguel Martín, director del Proceso de Atención Comunitaria y Programas Especiales del Servicio de Psiquiatría del Hospital del Mar de Barcelona. También nos encontramos con que los pacientes con ansiedad pueden tener un trayecto más largo por el sistema sanitario. Sienten que hay un problema que piensan que es físico y pueden ir consultando por sus síntomas en distintas especialidades antes de llegar a la consulta psiquiátrica”.

Ejercicio y nutrición, dos aliados importantes

Lo primero que hay que entender sobre estos dos trastornos es que quienes los sufren necesitan de la ayuda y consejo de profesionales de la salud. Una persona con depresión o ansiedad no se va a curar espontáneamente y acudir a un centro especializado para es un primer paso importante en el proceso de curación. 

Pero además del tratamiento médico o las sesiones de psicoterapia, también es posible lograr una mejora significativa con otras atenciones, sobre todo encaminadas a conseguir una buena higiene de hábitos diarios. Existen pruebas de la eficacia del ejercicio físico en la prevención y tratamiento agudo, junto con otras intervenciones. Es más fácil prescribirlo en pacientes con ansiedad, porque el paciente depresivo a menudo tiene una apatía y cansancio que lo dificultan. Salvo en casos graves, el ejercicio tiene un efecto activador de la conducta, que también es positivo”, señala el doctor Lahera.

La relación entre la alimentación y la salud mental es compleja. Algunos estudios han demostrado que la dieta puede agravar los síntomas de la depresión o, al contrario, atenuarlos.  La investigación de los últimos años está profundizando en la relación entre la microbiota -el conjunto de microorganismos que se localizan de manera normal en distintos sitios de los cuerpos de los seres vivos, como por ejemplo el intestino- y la salud mental, explorando lo que se ha dado en conocer como eje cerebro-intestino. 

De esta forma se está investigando sobre los probióticos, alimentos o suplementos que poseen microorganismos vivos que ayudan a mantener o mejorar nuestra microbiota. Ya hay algunos estudios sobre el uso de estos probióticos en pacientes depresivos, pero se necesita todavía más investigación. Como acción principal no lo recomendaría, aunque sí puede servir como algo complementario. Es un área por explorar muy interesante”, apunta el doctor Miguel Martín.

Uso de plantas medicinales

Para tratar la depresión o la ansiedad hay que utilizar tratamientos validados empíricamente, que son los medicamentos aprobados por las agencias reguladoras y las psicoterapias recomendadas por las guías internacionales. Sin embargo, en casos leves, la fitoterapia o el uso de las denominadas plantas medicinales puede tener su papel, especialmente en personas que la prefieren y están convencidas de su utilidad. En estos casos, conviene explicar que la fitoterapia no sustituye al tratamiento, sino que lo complementa”, comenta el doctor Lahera.

Por su parte, Tamara Peiró, farmacéutica del Área de Servicios Asistenciales del Consejo General de de Colegios Farmacéuticos de España también incide en la utilidad de estos tratamientos en determinadas ocasiones y con pacientes concretos. Por ejemplo, en síntomas iniciales compatibles con la ansiedad pueden ser útiles la pasiflora, la amapola de California, la valeriana, la lavanda y la melisa. O el espino blanco en el alivio de la tensión nerviosa con percepción exagerada de latidos. Para los síntomas de depresión, el hipérico, también conocido como hierba de San Juan, puede tener un efecto debido a la hipericina, una molécula con efecto antidepresivo”.

A pesar de su utilidad en estos casos más leves, el doctor Lahera insiste en las posibles complicaciones e interacciones de estos productos. Pese a ser productos naturales, conviene saber bien su composición, la posible interacción con medicamentos que esté tomando y su compatibilidad con los antecedentes médicos. Tomados de forma indiscriminada, sin asesoramiento de un experto, pueden realmente constituir un problema”.

 

Por Miguel Ramudo

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Imagen: ©Shutterstock / Tavarius

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