Pasar muchas horas sentado es casi inevitable en la vida moderna, pero eso no significa que el cuerpo no lo resienta. El sedentarismo prolongado se asocia con problemas circulatorios, dolor muscular y mayor riesgo cardiovascular. La buena noticia es que pequeños cambios diarios pueden marcar una gran diferencia y contrarrestar el sedentarismo.
Pausas activas para romper la inmovilidad
Una de las estrategias más eficaces para contrarrestar el sedentarismo son las pausas activas. No se trata de entrenar en la oficina, sino de interrumpir la postura estática con movimientos breves.
Levantarte cada dos horas, caminar unos minutos, estirar cuello, hombros y espalda o cambiar de postura ayuda a reactivar la circulación y descargar los músculos. Según la fisioterapeuta Aurora Araújo, los músculos de la pantorrilla funcionan como una “bomba” que impulsa la sangre al corazón y necesitan activarse con frecuencia.
Más movimiento fuera de la silla
El ejercicio puntual no compensa un día entero de inactividad. Para reducir los efectos del sedentarismo es clave sumar movimiento cotidiano: subir escaleras, caminar trayectos cortos o realizar actividad física regular.
Moverse no es una opción, es una necesidad. Integrar el movimiento a lo largo del día protege la salud física y mental a largo plazo.
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Por Miguel Ramudo
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