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Un estudio realizado en Suecia confirma una vez más la importancia de hacer ejercicios diariamente: media hora de ejercicios vigorosos o una hora de ejercicios moderados al día reducen a la mitad el riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca, que ocurre cuando el corazón no es capaz de bombear suficiente sangre y oxígeno a los órganos y tejidos del cuerpo.

Desde que su médico le aconsejó que llevara una vida más activa, Mario ha seguido el consejo al pie de la letra.  Todos los días se levanta muy tempranito y camina o trota durante media hora por lo menos, antes de prepararse y dirigirse a su trabajo.   Si conociera los resultados de este estudio, seguramente se sentiría satisfecho y motivado a seguir con su rutina de ejercicios diarios.

Una investigación reciente realizada en la Universidad de Uppsala, en Estocolmo, Suecia, concluye que el ejercicio diario reduce significativamente las probabilidades de desarrollar insuficiencia cardíaca, una condición común especialmente, entre los adultos de la tercera edad y que afecta directamente su calidad y tiempo de vida.

¿Qué es la insuficiencia cardíaca?

Se trata de una condición en la que el corazón bombea de manera ineficiente y no puede satisfacer las necesidades del flujo de sangre del cuerpo.  Como resultado de este bombeo ineficaz, la sangre se acumula en las venas que van al corazón y los riñones retienen líquido, por lo que los tejidos del cuerpo se inflaman (hinchan).  Esta inflamación (conocido médicamente como edema), afecta principalmente a las piernas, pero el líquido puede concentrarse también en los pulmones, causando dificultad para respirar.  Los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) informan que alrededor de 6 millones de estadounidenses sufren de insuficiencia cardiaca congestiva y que aproximadamente la mitad fallecen en un período de 5 años a partir del diagnóstico.

El hecho de que la insuficiencia cardíaca pueda evitarse mediante el ejercicio, resulta una excelente noticia.  El Dr. Kasper Andersen, quien participó en el estudio sueco, afirma que los niveles elevados de actividad física se asocian con tasas considerablemente más bajas de insuficiencia cardíaca. Y aunque el estudio encontró solamente una asociación, no una relación de causa y efecto, los resultados concuerdan con las ventajas asociadas al ejercicio frecuente. Entre sus beneficios están la reducción y el control de la hipertensión, combatir el sobrepeso, la obesidad y la incidencia de diabetes, que son a su vez factores de riesgo para el desarrollo de la insuficiencia cardíaca.

El Dr. Andersen y sus colegas evaluaron a casi 40,000 adultos de todas las edades los cuales comenzaron a proporcionar información, periódicamente, a bases de datos a partir de 1997. Ninguno de los adultos tenía insuficiencia cardíaca al comienzo del estudio.  Los investigadores evaluaron el tiempo total dedicado al descanso y a la actividad y los compararon con el riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca más adelante. En el 2010, alrededor del 4 por ciento de los participantes había sido hospitalizado por dicha condición.  Notaron además, que el grupo con los niveles más altos de actividad física – el equivalente a más de una hora de ejercicio moderado y media hora de ejercicio vigoroso al día – tuvieron un riesgo 46 por ciento menor de desarrollar insuficiencia cardíaca. Es decir, pudieron reducir ¡a casi la mitad! ese riesgo.

El estudio, publicado en el medio profesional Circulation: Heart Failure, no especifica qué tipo de ejercicio realizaron o cual resulta más conveniente para repetir los resultados. Tampoco especifica si se debe comenzar a una edad determinada para obtener  esas ventajas o si comenzar a los 50 ya es un poco tarde.  No obstante, el Dr. Andersen y sus colegas comentan que el ejercicio es beneficioso a cualquier edad y más vale tarde que nunca.  En cuanto al tipo de actividad recomiendan cualquier tipo de ejercicio que promueva el acondicionamiento cardiovascular (como caminar, trotar, correr, nadar o montar bicicleta).  De nuevo, cualquier actividad es mejor que ninguna.

¿No has practicado ejercicios anteriormente? Solamente debes consultar con tu médico respecto a qué tipo de ejercicio y el nivel de esfuerzo que te conviene realizar según tu edad y tu estado de salud actual.  Caminar es una excelente forma de empezar. Cuando hayas logrado cierta resistencia, puedes pasar a trotar o a practicar un deporte, como el tenis, por ejemplo, el fútbol o el baloncesto.

Lo importante es que no te dejes vencer por la comodidad y por la inercia, aun cuando te encuentres ya en la tercera edad. Ten presente los beneficios que obtendrás cuando empieces a ejercitarte con regularidad. Recuerda que uno de los beneficios más importantes es favorecer el funcionamiento de tu corazón y evitar la insuficiencia cardíaca.

 

Imagen © Thinkstock / anmalkov

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