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Según un estudio realizado en Suecia, las mujeres que nacieron o muy pequeñas o con un peso muy debajo de lo normal, tienen más probabilidades de enfrentar problemas de infertilidad en la adultez, casi el doble de las mujeres de peso y tamaño normales al nacimiento.  

Estamos acostumbrados a celebrar tantos nacimientos en nuestro entorno que a veces se nos olvida que, para millones de parejas, concebir es casi un sueño imposible. Aunque la prevalencia de la tasa de infertilidad a nivel global resulta difícil de determinar, según informa la Organización Mundial de la Salud, se estima que 186 millones de mujeres en edad reproductiva en países en desarrollo desean un embarazo sin lograrlo, o lo que equivale a una de cada cuatro parejas que buscan procrear sin conseguirlo.

En los Estados Unidos, de acuerdo a los datos proporcionados por la Oficina de Salud Femenina, que pertenece al Departamento Estadounidense de Salud y Recursos Humanos, alrededor de 6.1 millones de mujeres entre los 15 y los 44 años de edad han experimentado dificultades a la hora de lograr o mantener un embarazo.

La infertilidad, sin embargo, no se debe a problemas relacionados con las mujeres solamente.  Se estima que alrededor de un tercio de los casos de infertilidad se deben a problemas femeninos, otro tercio a problemas masculinos y el último tercio a una mezcla de problemas de la pareja o a causas desconocidas.

Dificultades con la ovulación (como la provocada por el síndrome de ovario poliquístico), la insuficiencia ovárica primaria o prematura (cuando los ovarios dejan de funcionar antes de los 40 años), el bloqueo de las trompas de Falopio y problemas físicos con el útero, suelen ser las causas más comunes de infertilidad femenina, pero no las únicas. A la lista habría que agregar ahora el bajo peso al nacer de la mujer, según ha determinado un estudio publicado en la edición digital de British Medical Journal Open, y que se llevó a cabo en 1,206 mujeres nacidas en Suecia a partir de 1973.

Los investigadores tomaron la causa principal de infertilidad (ya sea femenina, masculina, combinada o sin explicación) de los antecedentes médicos de las participantes, así como los detalles de su tamaño en el momento de nacer, su edad y su peso.

En el grupo, la infertilidad se atribuyó en un 38.5% a causas femeninas; en menos de 27% a causas masculinas; a causas combinadas en menos de 7%; y a causas sin explicación en un 28%.

Alrededor de dos terceras partes de las mujeres que participaron en el estudio tenían un peso normal, mientras aproximadamente una de cada cuatro estaba pasada de peso. Una de cada 20 mujeres era obesa, mientras casi un 2.5% tenía un peso más bajo que el normal.

Las mujeres cuya infertilidad se atribuyó a causas femeninas tendían a ser más gordas que el promedio (el exceso de peso es un factor de riesgo de infertilidad conocido).

Un poco menos del 4% de las mujeres habían nacido prematuramente, y una proporción similar tuvieron un peso bajo al nacimiento. Poco menos del 6% fueron bebés inesperadamente pequeños.

Los datos también mostraron que las mujeres con problemas de fertilidad atribuidos a un factor femenino tenían casi 2.5 veces más probabilidades de haber tenido un peso bajo al nacer que aquellas en las que la causa de infertilidad se atribuyó a un factor masculino o no tenía explicación.

Además, estas mujeres tenían casi el triple de probabilidades de haber nacido inesperadamente pequeñas que aquellas cuya causa principal de infertilidad no tenía explicación.

Estos hallazgos se mantuvieron después de considerar otros factores que podían influenciar, como el peso de las mujeres en ese momento o en las maternidades anteriores.

Los autores del estudio sugieren que una posibilidad para explicar estos resultados, es que la restricción en el crecimiento en el útero podría afectar el desarrollo de los órganos reproductivos, ya que investigaciones previas han relacionado la restricción en el crecimiento fetal con una reducción en la ovulación. Además, otros estudios han señalado el origen fetal de algunas enfermedades en los adultos.

Estos hallazgos son dignos de consideración, ya que mientras más avance la medicina, más bebés bajos de peso sobrevivirán y se convertirán en adultos, y podrían presentarse más problemas de infertilidad.

Sin embargo, debido a que es el primer estudio de este tipo, y que se realizó en un número relativamente pequeño de participantes y en un solo país, es necesario realizar más investigaciones antes de llegar a conclusiones definitivas.

Pero si se confirma la relación entre la infertilidad y el peso bajo o el tamaño pequeño del bebé en el nacimiento, a medida que avanzan las investigaciones y la atención médica, nacerán y sobrevivirán más bebés en esas condiciones. Eso podría influir en que se requieran más tratamientos para la infertilidad en el futuro. Pero, si has tenido relaciones sexuales regulares sin protección durante un año y no haz logrado embarazarte, consulta a un especialista. No te desanimes. Actualmente existen muchos tratamientos que podrían ayudarte y, como ves, la investigación para tratamientos nuevos continúa.

Imagen © Thinkstock / michaeljung

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