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¿Qué sería del invierno sin la nieve y el hielo? No habría muñecos de nieve, patinaje sobre hielo o emocionantes guerras de nieve con los vecinos. Gracias a ellos la época más fría del año puede convertirse en una de las más divertidas. Pero… siempre es importante tener ciertos cuidados, para que la diversión de la nieve no congele a los más pequeños.

Cuando llega la nieve, es como si llegara la alegría del invierno. Después de que la primera nevada ha pasado y la nieve ya está en el suelo, no tardan en salir de sus casas todos los niños del barrio. Es difícil aguantarse la tentación de salir a jugar, sacar un trineo y deslizarse, o iniciar una guerra de bolas de nieve.

¡Cuánta emoción para ellos! Pero también, cuántos nervios sentimos los padres al pensar que puedan enfermarse, congelarse o sufrir un accidente. Por eso en Vida y Salud te damos algunos consejos para evitar los accidentes y las enfermedades durante esta temporada.

Mantenlos calientes. Cuando se trata del frío, es mejor que sobre ropa para mantener a tus hijos calientes fuera de casa y no que falte. El vestirlos con varias capas es la mejor estrategia para que puedan irse quitando algunas cuando les de calor o se mojen. El algodón no es un buen material para mantener a tus hijos calientes; la lana, la cachemira (cashmere en inglés) o los materiales sintéticos como el “fleece” son mejores.

Cubre todo su cuerpo. Empieza por ponerles ropa interior larga y térmica. Luego, una o dos camisetas, buzos o polos, preferiblemente con cuello alto (algunos le llaman “de tortuga”). Encima, chamarra y pantalón gruesos, es mejor si son impermeables. Y nunca olvides proteger las extremidades que son las más sensibles al frío: calcetines o medias gruesas y zapatos impermeables para los pies; guantes para las manos; gorro para la cabeza; y bufanda para cubrir el cuello, la boca y la nariz.

Usa protector solar. Sí, aunque te suene absurdo, es importante aplicarles protector solar a tus hijos antes de salir a jugar en la nieve. Se ha comprobado que ésta puede reflejar hasta el 85% de los rayos ultravioleta del sol y provocar quemaduras dignas de un fuerte verano.

Quita la nieve. Cuando la nieve se acumula frente a la puerta o alrededor del auto y no los deja salir de casa, muchos niños quisieran ayudar a sus padres a limpiarla. Aunque parezca una tarea divertida, no lo es para los más pequeños, pues en cualquier momento pueden lastimarse un músculo haciendo fuerza con la pala cargada de nieve. Pueden empezar a colaborar con esa tarea cuando están en edad escolar, pero no se recomienda que lo hagan antes.

Prepáralos para un día largo. Si tus hijos van a estar todo el día afuera en la nieve, alístales un maletín con zapatos, medias y guantes adicionales para que se puedan cambiar cuando los sientan mojados. Agrega algo caliente de tomar en un termo, y algo de comer como un chocolate o una barra de granola para que las calorías los mantengan con energías en el frío.

Evita que se congelen. A muchos niños y adolescentes les cuesta trabajo darse cuenta que se están congelando, hasta que es demasiado tarde. Y para los padres es difícil medir exactamente el tiempo que les puedes permitir estar fuera de casa, pues todo depende del frío que está haciendo. Por eso es importante que vigiles frecuentemente que sus guantes y sus zapatos no estén mojados, y que la nariz y las orejas no estén muy rojas. Y enséñales que cuando sientan que el frío les está molestando y les duelen los dedos de las manos y los pies, la nariz o las orejas, es hora de buscar el calor en casa.

¿Y si se congelan? Hay una forma de saber a tiempo que tus hijos se están empezando a congelar. Fíjate en las partes del cuerpo más sensibles al frío: los dedos de los pies y las manos, las orejas, la nariz y las mejillas. Tan pronto veas que la piel de estas partes se vuelve extremadamente blanca y pierde sensibilidad (como si se durmiera), mete a tu hijo a la casa inmediatamente, quítale toda la ropa mojada y pega la parte congelada contra otra parte del cuerpo que esté caliente (como el estómago o el pecho). También puedes sumergir la parte congelada bajo el agua, pero sólo si está tibia, hasta que recupere la sensibilidad. Y si notas que la parte congelada está tomando un color entre amarillo y gris, llévalo a un centro de médico urgentemente.

Así, con los cuidados necesarios y preparados para el frío, los más pequeños pueden pasar una temporada llena de grandes emociones.

¡Por un invierno lleno de salud y felicidad!

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