Cada vez se habla más de la microbiota y de su relación con la salud, y no es casualidad: sabemos que puede intervenir en nuestro sistema digestivo, en el estado de ánimo e incluso en la forma en la que nuestro cuerpo gestiona el peso. Aunque antes se pensaba que su papel era únicamente local, los estudios demuestran que influye en muchos más procesos de los que imaginábamos.

El Dr. Luis Zamora, miembro de la Junta Directiva del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de la Comunidad de Madrid (CODINMA), lo resume así: «La microbiota es el conjunto de microorganismos que viven y conviven con nosotros en nuestro aparato digestivo. Es una relación de simbiosis: ellos nos benefician y nosotros a ellos». Según explica, su equilibrio es fundamental para que el organismo funcione correctamente.

¿Qué ocurre en tu organismo cuando la microbiota está desequilibrada?

Nuestra microbiota puede alterarse por muchos motivos: la dieta, el estilo de vida, el estrés, el entorno e incluso la falta de descanso. Cuando pierde diversidad o se modifica su composición, el cuerpo lo nota. Puede aparecer malestar intestinal, hinchazón o digestiones más pesadas, pero también puede influir en otros aspectos menos evidentes, como la regulación hormonal o la salud de la piel.

El Dr. Zamora explica que «la alimentación, especialmente la inclusión de alimentos probióticos y prebióticos, es clave para mantenerla en buen estado». Los prebióticos actúan como el “alimento” de la microbiota —como la fibra presente en frutas, verduras y legumbres—, mientras que los probióticos aportan microorganismos beneficiosos que ayudan a reforzarla.

Microbiota y peso: ¿por qué algunos estudios encuentran relación?

Uno de los aspectos más llamativos de la investigación actual es la posible conexión entre microbiota y la facilidad para ganar o perder peso. Aunque no es un factor determinante por sí solo, sí parece influir en cómo el organismo gestiona la energía y los nutrientes.

Según el Dr. Zamora, «hay estudios que relacionan la composición de la microbiota con la facilidad para coger peso y adelgazar». Esto podría deberse tanto a su papel en la digestión y absorción de nutrientes como a su influencia en la producción de neurotransmisores y hormonas relacionadas con el apetito, la saciedad y el metabolismo.

El nutricionista matiza que este efecto tiene límites: «Por muy bien que se coma, nunca se va a curar ni tratar una depresión, por ejemplo, pero sí podemos favorecer un estado general más saludable». La microbiota, por tanto, actúa como una pieza más del puzle del bienestar.

El estrés, un enemigo silencioso de la microbiota

El estrés continuado es uno de los factores que más afectan a la microbiota. Favorece el desequilibrio entre las especies bacterianas, reduce la diversidad y altera la forma en la que el organismo procesa los alimentos. El Dr. Zamora explica que el estrés puede «desequilibrar la microbiota tanto en cantidad como en la formación de esta» y que este desequilibrio puede influir en nuestro estado físico y emocional.

De hecho, la relación es bidireccional: la microbiota participa en la producción de neurotransmisores y hormonas que afectan al estado de ánimo, por lo que su alteración puede hacer que seamos más sensibles al estrés o que nuestra percepción de este cambie.

Qué alimentos ayudan y cuáles perjudican a la microbiota

Para cuidar este ecosistema es importante incluir alimentos ricos en probióticos —como yogur, kéfir o fermentados— y prebióticos —como frutas, verduras, avena y legumbres—. Estos alimentos ayudan a mantener una microbiota diversa y resistente.

El Dr. Zamora destaca que «las levaduras y bacterias del kéfir y lácteos fermentados son algunos de los grupos con más evidencia científica». En cambio, advierte de que una dieta pobre en fibra y probióticos, combinada con sedentarismo y estrés, perjudica significativamente su equilibrio. Una alimentación rica en vegetales y productos poco procesados es la base para tener una microbiota en buen estado.

Hábitos que fortalecen la microbiota y favorecen tu bienestar

Un estilo de vida saludable puede marcar una diferencia importante. Dormir bien, gestionar el estrés, hacer actividad física regular y mantener una alimentación equilibrada ayudan a que la microbiota se mantenga estable y funcione como un soporte para el bienestar general.

El Dr. Zamora concluye que «una alimentación equilibrada, rica en vegetales y bien reforzada con probióticos como el yogur o el kéfir, consigue mejores perfiles de microbiota en los estudios». No se trata de buscar soluciones milagrosas, sino de mantener hábitos diarios que favorezcan el equilibrio interno del organismo.

Preguntas frecuentes

¿La microbiota realmente influye en el peso?

Sí, algunos estudios muestran relación entre su composición y la facilidad para ganar o perder peso, aunque no es el único factor.

¿Qué alimentos mejoran la microbiota?

Probióticos (yogur, kéfir, alimentos fermentados) y prebióticos (frutas, verduras, legumbres, fibra).

¿El estrés afecta a la microbiota?

Sí. El estrés crónico puede desequilibrarla y alterar tanto el bienestar físico como el emocional.

¿Se puede mejorar la microbiota con suplementos?

En algunos casos sí, pero lo ideal es hacerlo bajo recomendación profesional y apoyado en una dieta equilibrada.

¿La microbiota influye en el estado de ánimo?

Puede influir en la producción de neurotransmisores, lo que afecta al equilibrio emocional.

Por Miguel Ramudo
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