Las “mariposas en el estómago”, la energía desbordante y la necesidad constante de ver a alguien especial no son casualidad. La ciencia explica que el flechazo es el resultado de la neuroquímica del enamoramiento, un proceso biológico diseñado para crear vínculos intensos.
Dopamina y serotonina: la euforia del inicio
Durante el enamoramiento, el cerebro libera dopamina, el neurotransmisor del placer y la motivación. Esta sustancia genera euforia, entusiasmo y refuerza el deseo de repetir el contacto con la persona amada.
Al mismo tiempo, los niveles de serotonina disminuyen, lo que explica por qué el pensamiento se vuelve recurrente y selectivo: el cerebro se enfoca casi exclusivamente en ese vínculo, minimizando defectos y riesgos.
Oxitocina: del flechazo al apego
Con el paso del tiempo, entra en juego la oxitocina, la hormona del apego y la confianza. Esta transición permite que la intensidad inicial se transforme en una relación más estable, reduciendo el estrés y fortaleciendo el bienestar emocional.
Comprender la neuroquímica del enamoramiento nos ayuda a entender que amar no es solo emoción, sino también un mecanismo que impacta positivamente en la salud mental y física.
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Por Karla Islas Pieck
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