Si eres de los que disfruta de un buen trozo de cheddar o brie sin culpa, este artículo te va a interesar. A menudo nos bombardean con advertencias sobre las grasas, pero un nuevo y extenso estudio publicado en la revista Neurology ha encontrado una relación fascinante entre el consumo de queso y riesgo de demencia.

La investigación, que siguió a miles de personas en Suecia durante 25 años, sugiere que aquellos que consumían lácteos ricos en grasa podrían tener una ventaja en la salud cerebral a largo plazo.

Lo que dice la ciencia sobre el queso y riesgo de demencia

El estudio analizó a 27,670 participantes que tenían una edad media de 58 años al inicio de la investigación. Los científicos querían ver si existía una diferencia entre consumir lácteos bajos en grasa o ricos en grasa.

Los resultados fueron sorprendentes:

  • El poder del queso graso: Las personas que consumían diariamente más de 50 gramos de queso con alto contenido en grasa (como gouda, cheddar o brie) tenían un menor riesgo de desarrollar demencia por cualquier causa y demencia vascular, en comparación con quienes comían menos de 15 gramos.
  • La nata también cuenta: Aquellos que consumían más de 20 gramos de nata rica en grasa al día mostraron un 16% menos de riesgo de demencia.
  • Genética: Curiosamente, la protección del queso contra el Alzheimer fue significativa principalmente en personas que no portaban el gen APOE 4 (un factor de riesgo genético conocido).

Sin embargo, los lácteos bajos en grasa, como la leche descremada, no mostraron ninguna relación significativa con la reducción del queso y riesgo de demencia.

La voz de los expertos: cautela ante el entusiasmo

Antes de que corras a comprar una tonelada de queso, es vital escuchar a los expertos que han analizado estos datos. La Dra. Tara Spires-Jones, de la Universidad de Edimburgo, pone un punto de cordura sobre la interpretación de estos hallazgos.

En declaraciones a Science Media Center de España, esta experta explica: “Un nuevo estudio publicado por Du y colegas observó que las personas que declararon un alto consumo de queso graso en la década de 1990 tenían un menor riesgo de desarrollar demencia unos 25 años después que las personas que no comían queso. Aunque se trata de datos interesantes, este tipo de estudio no puede determinar si esta asociación con la reducción del riesgo de demencia se debió a las diferencias en el consumo de queso”.

Limitaciones del estudio sobre queso y riesgo de demencia

La Dra. Spires-Jones señala un detalle crucial: la dieta cambia con el tiempo. “Una de las mayores limitaciones de este estudio es que el consumo de queso se registró a partir de un diario alimenticio y una entrevista realizada en un momento concreto, 25 años antes del análisis del diagnóstico de demencia. Es muy probable que la dieta y otros factores relacionados con el estilo de vida hayan cambiado en esos 25 años”, comenta la experta.

Además, nos recuerda que no existen milagros dietéticos aislados: “No hay pruebas sólidas de que ningún alimento concreto proteja a las personas de la demencia”.

¿Es el queso o es el estilo de vida?

Aquí entra en juego otro factor interesante. El Dr. Naveed Sattar, catedrático de la Universidad de Glasgow, sugiere que la relación observada entre queso y riesgo de demencia podría deberse a quiénes son las personas que comen queso, y no al queso en sí.

Sattar advierte: “No creo que exista una relación causal, ya que se trata de un estudio observacional y no de un ensayo controlado aleatorio. Es importante señalar que las personas que consumían más queso y nata con alto contenido en grasas tenían, en promedio, un mayor nivel educativo”.

Generalmente, un mayor nivel educativo se vincula a mejores ingresos y hábitos más saludables. Sattar añade: “Esto plantea la posibilidad de que exista una confusión residual, por la que otras características ‘saludables’ asociadas a un mayor nivel educativo, y no el queso o la nata en sí, puedan explicar las menores tasas de demencia observadas”.

La recomendación final

Aunque disfrutar del queso con moderación es un placer que no tienes por qué negar, la prevención de la demencia requiere un enfoque integral.

La Dra. Spires-Jones destaca que “existen pruebas sólidas en todo el campo que indican que una dieta saludable, el ejercicio y las actividades que estimulan la cognición (educación, trabajos y aficiones estimulantes, etc.) pueden aumentar la resistencia del cerebro a las enfermedades que causan demencia”.

Por su parte, el Dr. Sattar concluye con consejos prácticos y probados: “Ya conocemos varios factores bien establecidos y probados que reducen el riesgo de demencia, como mantener una presión arterial saludable, controlar el peso y prevenir enfermedades cardíacas o accidentes cerebrovasculares. Estas intervenciones deben seguir siendo la prioridad, dada su sólida base empírica, en lugar de centrarse en asociaciones dietéticas no probadas”.

Preguntas y respuestas

1. ¿Qué cantidad de queso se asoció con beneficios en el estudio? El estudio observó beneficios en personas que consumían 50 gramos o más de queso rico en grasa (como cheddar o brie) al día.

2. ¿Afecta la genética a estos resultados? Sí. El estudio encontró que la asociación inversa entre el queso graso y la enfermedad de Alzheimer era significativa principalmente en personas que no eran portadoras del gen APOE ε4, un factor de riesgo genético.

3. ¿Los lácteos bajos en grasa también ayudan? Según este estudio específico, no. El consumo de queso bajo en grasa, leche desnatada o yogures bajos en grasa no mostró ninguna asociación significativa con la reducción del riesgo de demencia.

4. ¿Puedo prevenir la demencia solo comiendo queso? No. Los expertos insisten en que no hay un «alimento mágico». Lo más efectivo es controlar la presión arterial, mantener un peso saludable, hacer ejercicio y mantener el cerebro activo.

5. ¿Por qué dudan los expertos si el estudio parece claro? Porque es un estudio observacional. Muestra que dos cosas suceden a la vez (comer queso y menos demencia), pero no prueba que una cause la otra. Factores como el nivel educativo o el estilo de vida general podrían ser la verdadera causa.

Por Karla Islas Pieck
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