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La vida es un constante cambio, pero pocos tan radicales e intensos como el del nacimiento. Durante nueve meses, el bebé crece, bien protegido y acurrucadito dentro del vientre de la madre. Cuando ya está listo para abandonarlo, comienza, con trabajo y pulgada a pulgada a buscar la salida. Pasa de la oscuridad a la luz, del líquido al aire, llena por primera vez sus pulmones y recibe su primer contacto de piel a piel. ¡Bienvenido bebé a tu mundo nuevo y definitivo!

Hoy por hoy, sumamos 7 mil millones de habitantes en el planeta, y ni pensar en los tantos que nos han precedido. Sin embargo, todo nacimiento sigue siendo un acontecimiento único, trascendental y maravilloso. ¿Has pensado alguna vez en todos los cambios que ocurren cuando nace un bebé?

Un cuartito calentito cada vez más chico

Antes de nacer, el bebé se ha acostumbrado a vivir en un ambiente oscuro y lleno de líquido, a una temperatura que le queda muy cómoda, de unos 98º F (unos 37º C).  Los ruidos le llegan de lejos y el alimento se le proporciona por el cordón umbilical. Si no fuera porque el cuartito le va quedando cada vez más estrecho, allí se está de maravilla.  Pero ni modo, tiene que irse preparando para el gran cambio que se avecina.

Una avalancha de cambios

Alrededor de la semana 36 del embarazo, la mayoría de los bebés (alrededor de un 96%) asumirán la posición con la cabeza hacia abajo, la más conveniente para el nacimiento.  Alrededor de esta semana, se desarrolla además el reflejo de succionar, así como el de voltear la cabeza cuando se le roza la mejilla. Estos reflejos serán fundamentales después del nacimiento, para que pueda alimentarse, ya sea directamente del seno materno o de un biberón, cuando el alimento ya no le llegue a través de la placenta.

Presiones por todas partes

Cuando llega el gran día, las contracciones que siente la mamá, aunque dolorosas, son necesarias para ir empujando al bebé poco a poco a través del canal de alumbramiento. Durante esas horas, el bebé se siente apretado por las contracciones cada vez más fuertes de los músculos del útero. A la vez, hay menos líquido amniótico a su alrededor, lo que hace que haya un cambio de presión en el cuerpo del bebé, preparándolo para la vida en el exterior. Otro gran cambio que se aproxima es el de la cabeza: los huesos del cráneo del bebé se reajustan formando una especie de cono que ayudará a que la cabeza pueda pasar por un espacio tan estrecho. Esto ocurre solamente una vez en la vida y es éste momento. No te preocupes: los huesos volverán a su lugar a los pocos días después del nacimiento.

Cambio de temperatura

Aunque la sala de parto tenga una temperatura agradable, con seguridad tendrá una diferencia de varios grados en relación al útero y el cuerpecito del bebé reaccionará en consecuencia. Comenzará a temblar por lo que conviene mantenerlo seco y arropadito. Esta es la oportunidad perfecta para que mamá lo estreche contra su pecho para darle calor y acogida.

Este cambio de temperatura, aunque representa un choque para el bebé, es necesario, es más, es esencial, para enviar señales a su sistema nervioso y lo haga tomar su primera inspiración (cuando toma aire para oxigenar sus pulmones). A partir de este momento sus sistemas respiratorio y circulatorio realizarán una reorganización total. Si todo va bien, verás al bebé adquirir un tono rosado en las mejillas y escucharás su primer llanto.

Nos parece tan normal, pero en realidad es una gran metamorfosis (un gran cambio): la criatura que habitaba en el líquido amniótico, ha pasado a vivir rodeada de aire.  Antes del nacimiento, el oxígeno que necesitaba el bebé le llegaba por el torrente sanguíneo a través del cordón umbilical. Su sistema circulatorio fetal dirigía el flujo de la sangre de modo que no pasara por los pulmones. Cuando el bebé respira por primera vez, el paso cambia de ruta en un instante e incluye a los pulmones. El líquido amniótico que los llenaba se drena o se absorbe dejando espacio para el aire que ayudará a oxigenar la sangre mediante la respiración. ¿Quién pide más?

Otros sistemas, no se quedan atrás: el sistema urinario filtra la sangre y produce la primera micción (orina) fuera del útero mientras que el sistema gastrointestinal pasa el meconio (las primeras heces del bebé) para limpiar el organismo de bilis, líquido amniótico y lanugo (el vello que le cubre el cuerpo).

¿Pasa el examen?

Para que el bebé pueda irse a casa, los médicos evaluarán al bebé siguiendo la puntuación de Apgar (que toma el nombre de la doctora que lo desarrolló en 1952, la anestesióloga Virginia Apgar),  tomando en cuenta los siguientes puntos:

  • Apariencia: ¿de qué color es la piel del bebé? Si tiene una coloración azulada, recibirá un 0, mientas que un torso rosado con extremidades azulosas recibirá un 1. Si presenta un saludable tono rosáceo en todo el cuerpo recibe un 2.
  • Frecuencia cardíaca: para recibir un 2,  el corazón debe latir a una tasa de 100 latidos por minutos o más.
  • Irritabilidad: mide la respuesta a los estímulos. Recibirá un 2 si estornuda, tose o se aleja de la estimulación. Respuestas más débiles recibirán un 1 (si la única respuesta es con la cara) o 0 (si no responde).
  • Actividad: si se muestra activo, con movimientos espontáneos, recibirá un 2. Si sus brazos y sus piernas están flexionados con poco movimiento, recibirá un 1 mientras que si tiene poco movimiento y tonicidad muscular recibirá un 0.
  • Esfuerzo respiratorio: el llanto del bebé le puede causar angustia a la madre, pero le dará una buena nota al bebé, además debe tener una frecuencia respiratoria normal y eso le dará un 2. Si la respiración es lenta o irregular, recibirá un 1 y si no respira la nota será de 0.

El bebé se evalúa según estos criterios aproximadamente al minuto después del nacimiento y se considera que disfruta de buena salud si obtiene una puntuación de 7 o más. Una puntuación más baja no significa necesariamente que está enfermo, sino que necesita atención médica inmediata: succionarle la mucosidad para que pueda respirar mejor o recibir un poco de oxígeno. A los cinco minutos, se vuelve a evaluar al bebé para ver si su condición ha mejorado. La puntuación de Apgar no pretende evaluar la salud del bebé a largo plazo y hay que tener presente que incluso bebés perfectamente saludables pueden sacar puntuaciones bajas a los pocos minutos de nacer.

Con seguridad, le irá bien al bebé y podrá marcharse a casa con su familia. Y se lo merece después de tanto esfuerzo. Ha llegado a un mundo muy diferente al que habitó durante 9 meses y su cuerpecito ha pasado por cambios muy importantes. ¿Verdad que ha sido un proceso fascinante?  ¡Bienvenido, bebé!

Imágen © iStockphoto.com / Carolina K. Smith M.D.

La vida es un constante cambio, pero pocos tan radicales e intensos como el del nacimiento. Durante nueve meses, el bebé crece, bien protegido y acurrucadito dentro del vientre de la madre. Cuando ya está listo para abandonarlo, comienza, con trabajo y pulgada a pulgada a buscar la salida. Pasa de la oscuridad a la luz, del líquido al aire, llena por primera vez sus pulmones y recibe su primer contacto de piel a piel. ¡Bienvenido bebé a tu mundo nuevo y definitivo!

Hoy por hoy, sumamos 7 mil millones de habitantes en el planeta, y ni pensar en los tantos que nos han precedido. Sin embargo, todo nacimiento sigue siendo un acontecimiento único, trascendental y maravilloso. ¿Has pensado alguna vez en todos los cambios que ocurren cuando nace un bebé?

Un cuartito calentito cada vez más chico

Antes de nacer, el bebé se ha acostumbrado a vivir en un ambiente oscuro y lleno de líquido, a una temperatura que le queda muy cómoda, de unos 98º F (unos 37º C).  Los ruidos le llegan de lejos y el alimento se le proporciona por el cordón umbilical. Si no fuera porque el cuartito le va quedando cada vez más estrecho, allí se está de maravilla.  Pero ni modo, tiene que irse preparando para el gran cambio que se avecina.

Una avalancha de cambios

Alrededor de la semana 36 del embarazo, la mayoría de los bebés (alrededor de un 96%) asumirán la posición con la cabeza hacia abajo, la más conveniente para el nacimiento.  Alrededor de esta semana, se desarrolla además el reflejo de succionar, así como el de voltear la cabeza cuando se le roza la mejilla. Estos reflejos serán fundamentales después del nacimiento, para que pueda alimentarse, ya sea directamente del seno materno o de un biberón, cuando el alimento ya no le llegue a través de la placenta.

Presiones por todas partes

Cuando llega el gran día, las contracciones que siente la mamá, aunque dolorosas, son necesarias para ir empujando al bebé poco a poco a través del canal de alumbramiento. Durante esas horas, el bebé se siente apretado por las contracciones cada vez más fuertes de los músculos del útero. A la vez, hay menos líquido amniótico a su alrededor, lo que hace que haya un cambio de presión en el cuerpo del bebé, preparándolo para la vida en el exterior. Otro gran cambio que se aproxima es el de la cabeza: los huesos del cráneo del bebé se reajustan formando una especie de cono que ayudará a que la cabeza pueda pasar por un espacio tan estrecho. Esto ocurre solamente una vez en la vida y es éste momento. No te preocupes: los huesos volverán a su lugar a los pocos días después del nacimiento.

Cambio de temperatura

Aunque la sala de parto tenga una temperatura agradable, con seguridad tendrá una diferencia de varios grados en relación al útero y el cuerpecito del bebé reaccionará en consecuencia. Comenzará a temblar por lo que conviene mantenerlo seco y arropadito. Esta es la oportunidad perfecta para que mamá lo estreche contra su pecho para darle calor y acogida.

Este cambio de temperatura, aunque representa un choque para el bebé, es necesario, es más, es esencial, para enviar señales a su sistema nervioso y lo haga tomar su primera inspiración (cuando toma aire para oxigenar sus pulmones). A partir de este momento sus sistemas respiratorio y circulatorio realizarán una reorganización total. Si todo va bien, verás al bebé adquirir un tono rosado en las mejillas y escucharás su primer llanto.

Nos parece tan normal, pero en realidad es una gran metamorfosis (un gran cambio): la criatura que habitaba en el líquido amniótico, ha pasado a vivir rodeada de aire.  Antes del nacimiento, el oxígeno que necesitaba el bebé le llegaba por el torrente sanguíneo a través del cordón umbilical. Su sistema circulatorio fetal dirigía el flujo de la sangre de modo que no pasara por los pulmones. Cuando el bebé respira por primera vez, el paso cambia de ruta en un instante e incluye a los pulmones. El líquido amniótico que los llenaba se drena o se absorbe dejando espacio para el aire que ayudará a oxigenar la sangre mediante la respiración. ¿Quién pide más?

Otros sistemas, no se quedan atrás: el sistema urinario filtra la sangre y produce la primera micción (orina) fuera del útero mientras que el sistema gastrointestinal pasa el meconio (las primeras heces del bebé) para limpiar el organismo de bilis, líquido amniótico y lanugo (el vello que le cubre el cuerpo).

¿Pasa el examen?

Para que el bebé pueda irse a casa, los médicos evaluarán al bebé siguiendo la puntuación de Apgar (que toma el nombre de la doctora que lo desarrolló en 1952, la anestesióloga Virginia Apgar),  tomando en cuenta los siguientes puntos:

  • Apariencia: ¿de qué color es la piel del bebé? Si tiene una coloración azulada, recibirá un 0, mientas que un torso rosado con extremidades azulosas recibirá un 1. Si presenta un saludable tono rosáceo en todo el cuerpo recibe un 2.
  • Frecuencia cardíaca: para recibir un 2,  el corazón debe latir a una tasa de 100 latidos por minutos o más.
  • Irritabilidad: mide la respuesta a los estímulos. Recibirá un 2 si estornuda, tose o se aleja de la estimulación. Respuestas más débiles recibirán un 1 (si la única respuesta es con la cara) o 0 (si no responde).
  • Actividad: si se muestra activo, con movimientos espontáneos, recibirá un 2. Si sus brazos y sus piernas están flexionados con poco movimiento, recibirá un 1 mientras que si tiene poco movimiento y tonicidad muscular recibirá un 0.
  • Esfuerzo respiratorio: el llanto del bebé le puede causar angustia a la madre, pero le dará una buena nota al bebé, además debe tener una frecuencia respiratoria normal y eso le dará un 2. Si la respiración es lenta o irregular, recibirá un 1 y si no respira la nota será de 0.

El bebé se evalúa según estos criterios aproximadamente al minuto después del nacimiento y se considera que disfruta de buena salud si obtiene una puntuación de 7 o más. Una puntuación más baja no significa necesariamente que está enfermo, sino que necesita atención médica inmediata: succionarle la mucosidad para que pueda respirar mejor o recibir un poco de oxígeno. A los cinco minutos, se vuelve a evaluar al bebé para ver si su condición ha mejorado. La puntuación de Apgar no pretende evaluar la salud del bebé a largo plazo y hay que tener presente que incluso bebés perfectamente saludables pueden sacar puntuaciones bajas a los pocos minutos de nacer.

Con seguridad, le irá bien al bebé y podrá marcharse a casa con su familia. Y se lo merece después de tanto esfuerzo. Ha llegado a un mundo muy diferente al que habitó durante 9 meses y su cuerpecito ha pasado por cambios muy importantes. ¿Verdad que ha sido un proceso fascinante?  ¡Bienvenido, bebé!

Imágen © iStockphoto.com / Carolina K. Smith M.D.

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