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El “Clostridium difficile” es un microbio que puede ser difícil de combatir. La edición de abril de “Mayo Clinic Health Letter” trata sobre el mecanismo de transmisión de este microbio, los síntomas de la infección y el tratamiento.

Esta bacteria, también conocida como C. difficile, puede estar presente en todo ambiente, siendo más común en los hospitales y otras instituciones de atención médica donde las personas son particularmente vulnerables a las infecciones. En los últimos años, las infecciones por C. difficile se han tornado más frecuentes, graves y difíciles de tratar. Los síntomas oscilan desde la diarrea hasta una inflamación mortal del colon.

El C. difficile se transmite mediante las heces. Cuando la limpieza es deficiente, las esporas ásperas de la bacteria pueden permanecer durante meses sobre alguna superficie, permitiendo que el microorganismo se propague si alguien toca algún objeto contaminado, como las manijas de las mesas rodantes, las barandas de la cama, los inodoros, los teléfonos y los controles remotos.

No obstante, el simple contacto con la bacteria no siempre termina en la enfermedad. Lo irónico es que cualquier antibiótico puede desencadenar una infección por C. difficile porque esos medicamentos destruyen parte de las bacterias protectoras del intestino, permitiéndole al C. difficile colonizar descontroladamente.

El síntoma más común de la infección es presentar cólicos abdominales leves y diarrea acuosa durante dos o más días. Los síntomas de los casos más graves incluyen fiebre de nueva aparición, dolor y cólicos fuertes, sangre en las heces, y deposiciones acuosas frecuentes. Los síntomas graves ameritan atención médica urgente. El C. difficile puede ocasionar mucha inflamación y posiblemente complicaciones mortales, tales como grave deshidratación, estado de choque o rotura del colon.

Cuando la enfermedad es leve, la recomendación médica posiblemente sea de suspender los antibióticos que pudieron haber desencadenado la infección; sin embargo, muchos pacientes necesitan recibir más tratamiento. Los antibióticos que pueden detener la colonización del C. difficile son el metronidazol (Flagyl), la vancomicina oral (Vancocin) y la fidaxomicina (Dificid). Por otro lado, la administración de líquidos y nutrición por vía intravenosa ayudará a evitar la deshidratación. En los casos graves, podría ser necesario realiza una cirugía para extirpar el colon.

La buena higiene de las manos puede ayudar a prevenir las infecciones por C. difficile, y por eso se recomienda lavarse vigorosamente las manos con agua y jabón durante 30 segundos. La fricción creada por el frote de una mano contra la otra expulsa a las esporas, mientras que los desinfectantes para las manos a base de alcohol no logran destruirlas completamente.

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Imágen © iStockphoto.com / Olivier Lantzendörffer

 

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