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¿Algunas vez has conocido a alguien que, aunque no cumple con las reglas de belleza ideal de tu mente, tiene algo que te encanta, que te atrae… un “no se qué”? ¡Es la autoestima! Si sigues peleando a diario con el espejo porque te sientes insatisfecho(a) con tu imagen corporal, recuerda que como te sientes influye en la forma como los demás te ven. Cambia de estrategia…

En la adolescencia, el pararse frente al espejo es una prueba difícil que no se pasa fácilmente. Tu cuerpo está cambiando y a veces no te gusta como te ves o te gustaría ser diferente, tal vez más delgado o más gordo, más alto o más bajo, menos voluptuoso o más musculoso, quizá te gustaría cambiar tu nariz y tus dientes, o tener “otro look”. Y así puedes seguir la lista y nunca sentirte totalmente contento(a) contigo mismo(a).

El problema es que cada vez que te criticas, en lugar de cambiar algo en tu cuerpo, le haces daño a tu autoestima y lo único que logras es sentirte cada vez peor. En Vida y Salud te damos algunas ideas para que consideres cambiar de estrategia, no sólo frente al espejo, sino también frente a la vida.

No eres el único. A veces puedes sentirte muy solo(a) cuando estás sufriendo frente al espejo, pero puedes estar seguro que no eres el único. En la adolescencia el cuerpo de todos cambia, el de tus amigos, el de tus compañeros de clase y, por supuesto, el de la persona que más te gusta. Y es muy normal sentirse insatisfecho(a) con algunas cosas. Haz la prueba y pregúntale a tus amigos o conocidos qué les gustaría cambiar de su cuerpo, y comprobarás que todos tienen algo (ya sea pequeño o grande) que no les gusta de sí mismos. Incluso, te sorprenderá saber que la niña más linda de tu clase quisiera ser más alta, o que tu amigo más popular también quisiera tener unas orejas más pequeñas.

¿Para qué compararte? En esta época de la adolescencia es muy normal que tiendas a compararte con otras personas de tu misma edad, o incluso con las estrellas que ves en la televisión y en la escena musical. Pero, ¿de qué te sirve? Todos somos totalmente diferentes, y es imposible que tú seas igual a tu mejor amiga o al chico de tu calle. El cuerpo que tienes te caracteriza y, en vez de ser tu karma (como algunos llegan a pensar), te hace una persona especial. Probablemente tengas la mirada de tu papá, la sonrisa de tu abuela y te parezcas mucho a tu primo preferido. Algo que nadie más podrá ser jamás y que te hace único(a).

Ponte metas reales. Si definitivamente hay algo que no te gusta de ti mismo(a), antes de seguir acomplejándote, piensa si realmente es algo que puedes cambiar o no. Por ejemplo, hay cosas que van a seguir iguales hagas lo hagas, como tu color de piel, tu estatura, o un lunar que te avergüenza. Y esas cosas es mejor aceptarlas. En cambio, sí puedes hacer algo por adelgazar, por reducir el acné en tu piel, por cambiar tu cabello, o por definir mejor tus músculos, si es lo que deseas y crees que te hará más feliz.

El secreto es sentirse bien. Ese “no se qué” que algunos tienen, que los hace verse contentos y hasta atractivos, no es un gran misterio, ni un tratamiento de belleza…. ¡es la autoestima! Cuando tu autoestima está alta, es decir, te sientes bien contigo mismo(a), se refleja hacia fuera y los demás lo notan. Es en serio… cuando te quieres como eres, actúas con más confianza y naturalidad, no necesitas cubrirte con mucha ropa o encorvar tu espalda para tapar algún defecto, y no te intimidas cuando vas a una fiesta. Además, cuando te liberas de complejos, tienes la cabeza más dispuesta a aprender cosas nuevas, a conocer a otras personas, a divertirte o a hacer planes.

El liberarte de complejos o sentirte bien con tu apariencia no quiere decir que sientas que eres perfecto o que eres mejor que los demás. Se trata de aceptarte tal cual eres, con tus defectos y tus virtudes. El recordar que todos los seres humanos tenemos defectos, te puede ayudar a restarle importancia a tus complejos, y así disfrutar más tus cualidades y sacarles provecho.

La próxima vez que te pares frente al espejo antes de salir de casa, sé positivo(a). Recuerda que la forma en como te sientes influye en cómo te ves. Si te sientes bien, te verás de maravilla.

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