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  • La imagen corporal, la autonomía o la fertilidad entre otras cuestiones pueden verse afectadas por un proceso oncológico en la edad joven
  • Los modelos de perfección en redes sociales a la hora de abordar el cáncer pueden generar sentimientos de frustración en los pacientes jóvenes
  • En los Estados Unidos se diagnostican aproximadamente 70.000 nuevos casos de cáncer entre jóvenes de 15 a 39 años, lo que supone el 5 % de todos los diagnósticos de cáncer el país.

Al igual que el diagnóstico de cáncer impacta en la salud física, también puede tener repercusiones en la salud emocional tanto de los pacientes como de su entorno. De este modo, durante esta experiencia es común experimentar sentimientos como ansiedad, angustia o depresión, los cuales pueden variar diariamente, incluso cada hora o minuto. Este impacto puede ser especialmente pronunciado en personas jóvenes. Por consiguiente, podemos distinguir entre el adulto joven, que abarca desde los 19 hasta los 30 años, y el adulto maduro, que se extiende hasta los 45 años.

“Para comprender la dimensión emocional que el cáncer tiene en una persona, prestamos mucha atención a cómo afecta sus responsabilidades y proyectos de vida. A partir de ahí, podemos evaluar el impacto psicológico y determinar qué tipo de intervención se requiere”, afirma Maribel González, psicooncóloga del MD Anderson Cancer Center Madrid en España.

El adulto joven se encuentra en una etapa en la que comienza a forjar su autonomía y a desarrollar su propio proyecto de vida. Pone fin a su etapa formativa y se sumerge en el desarrollo de su carrera, y todo esto podría verse truncado por la enfermedad. “Durante la adolescencia, las relaciones con los pares son muy relevantes, pero en esta etapa también emergen las relaciones de pareja”, señala la psicooncóloga. “El establecimiento de relaciones íntimas y la exploración de la identidad sexual, que aún se encuentran en proceso de construcción, son aspectos que se verán fuertemente afectados y generarán un impacto significativo”, enfatiza.

Según los datos proporcionados por el Instituto Nacional del Cáncer (NCI), aproximadamente 70,000 jóvenes de entre 15 y 39 años son diagnosticados con cáncer cada año en los Estados Unidos. Esto representa alrededor del 5 % de todos los diagnósticos de cáncer en el país. El cáncer es la principal causa de muerte por enfermedad en la población de adolescentes y adultos jóvenes, superando a los accidentes, suicidios y homicidios.

Los adultos jóvenes tienen más probabilidad que los niños de menor edad o que los adultos de más años de ser diagnosticados con algunos cánceres, como linfoma de Hodgkin, melanoma, cáncer de testículo, cáncer de tiroides y sarcomas. Sin embargo, la incidencia de tipos específicos de cáncer varía según la edad. La leucemia, el linfoma, el cáncer de testículo y el cáncer de tiroides son los cánceres más comunes entre quienes tienen de 15 a 24 años. De 25 a 39 años, el cáncer de mama y el melanoma son los cánceres más comunes.

La sexualidad, la autonomía, la fertilidad o la imagen corporal tienen un gran impacto en el paciente oncológico joven

Si tenemos en cuenta qué tipos de cánceres son los más frecuentes en esta etapa vemos que son linfoma de Hodgkin, los cánceres cerebrales o la leucemia, entre otros.  Pero si atendemos a la frecuencia de cáncer en función del sexo del paciente, en la mujer el más común es el cáncer de mama y en el hombre, el de testículo. 

Todo esto está muy relacionado con la sexualidad del paciente. Tanto la enfermedad como su tratamiento pueden afectar de forma directa a órganos sexuales, y también a la imagen corporal. “Esto va a influir en su forma de mostrarse a los demás y de construir su intimidad y sus relaciones. Quizá sea de las cosas que más se trabajen y más demandadas por los pacientes”, asegura la experta. 

Además, la fertilidad también es un tema que impacta de manera directa en muchos procesos oncológicos. Existen algunos cánceres y, sobre todo, muchos tratamientos para combatirlos, que afectan directamente a la fertilidad, lo que supone un importante motivo de preocupación y angustia en el paciente joven con deseos de paternidad o maternidad en su proyecto vital. 

La imagen corporal juega otro papel importante en estos procesos, no solo por mutilaciones o cicatrices derivados de algunos abordajes quirúrgicos a los que se tienen que ver sometidos los pacientes oncológicos, sino por los tratamientos y las consecuencias que estos tienen, como alopecia, envejecimiento precoz o cambios de peso, que pueden afectar a la seguridad con la que nos enfrentamos a la relación con el otro o a la intimidad sexual.     

Por otro lado, la autonomía a menudo se ve afectada por el cáncer y por sus tratamientos. Esta tiene un impacto importante ya que, durante la enfermedad, el paciente puede volver a ser de nuevo más dependiente. “Todo lo que ha ganado y aprendido de independencia vuelve hacia atrás”, advierte la psicooncóloga. 

Ayudar al paciente joven a gestionar el caos emocional que genera el diagnóstico del cáncer

La sintomatología a nivel psicológico más frecuente está relacionada con problemas de ansiedad o depresión, que no siempre generan un diagnóstico clínico, pero es importante trabajarlo. Emociones como la ira, tristeza, culpa, problemas de sueño o de apetito, son propios de un diagnóstico de cáncer. En este sentido, la familia del paciente oncológico tiene un papel fundamental, “los psicooncólogos solemos decir que el cáncer es una enfermedad familiar porque al final nos sitúa en un escenario en el que, no solamente se ve afectado el paciente, sino todo su entorno”, señala la especialista. 

La intervención psicológica es siempre a medida del paciente, teniendo en cuenta la etapa en la que se encuentra (de diagnóstico, de tratamiento, en el que ha habido un proceso metastásico, etc.). “En una etapa de diagnóstico reciente hay mucho caos emocional, muchas emociones que no sabemos cómo gestionar y están muy perdidos, y aquí el trabajo es de psicoeducación, de explicar al paciente que lo que nos sucede es normal”, asegura Maribel González. Ayudar a orientar al paciente después de ese ‘caos’ inicial es fundamental y trabajar con los pacientes en enfocarse en lo que sí que pueden controlar de todo el proceso como, por ejemplo, el autocuidado, el cuidado su alimentación, el ejercicio, el tiempo, o las relaciones personales. 

Atención a los modelos de perfección en redes sociales 

El cáncer es una de las enfermedades que más circula en las redes sociales debido a su alta incidencia. Visibilizar la dolencia puede ayudar, sin embargo, existen ciertos riesgos derivados de esta exposición pública. El paciente puede perder el control y otros espectadores enfermos, frustrarse con el relato ajeno.

“El acercamiento de experiencias y situaciones en redes sociales es positivo, pero hay que tenerlo en cuenta y trabajarlo con los pacientes. Debemos tener mucho cuidado porque eso nos puede llevar a responsabilizar al paciente”, afirma la especialista de MD Anderson Madrid. Según asegura, no hay ninguna evidencia científica de que una actitud positiva o negativa pueda estar relacionada con el desarrollo del cáncer ni con el pronóstico y “a veces, este tipo de mensajes dan esta idea que nos puede confundir”, advierte. En esos modelos de afrontamiento tan positivo parece que no hay cabida para “darse permiso también para tener emociones como la tristeza, la rabia, la culpa, para sentirse a veces frustrados, y eso hay que validarlo, porque solo desde la aceptación y normalización vamos a conseguir trabajar en superarlo”, concluye la experta.

 

Por Miguel Ramudo
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