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  • Es común experimentar un mayor dolor durante el primer año tras la muerte de un ser querido y no hay razón tampoco para sentirse culpable por experimentar emociones negativas.
  • Especialmente durante las primeras celebraciones navideñas pueden aparecer síntomas físicos como insomnio, dificultad para conciliar el sueño, malestar estomacal, digestiones complicadas o un aumento del nerviosismo.
  • Si hemos perdido a un ser querido en el último año, es beneficioso y constructivo recordar a esa persona que tanto queríamos y sentir el dolor de su ausencia.

La Navidad es una época de reencuentros. Las familias vuelven a juntarse, algunas veces tras mucho tiempo sin estar en contacto. Pero en ocasiones no todos podemos encontrarnos alrededor de la mesa para estas celebraciones, porque algún familiar o ser querido ha fallecido en el transcurso del año. Estas fechas tan especiales pueden hacer que su recuerdo sea especialmente doloroso, sobre todo el primer año.

Celebrar la memoria de nuestros seres queridos mediante la conversación sobre ellos es una de las experiencias más enriquecedoras y está bien que lo hagamos. Aunque es innegable que rememorar puede resultar doloroso, abordar este proceso de manera saludable ayuda a superar el duelo y curar las heridas emocionales. Pero debemos tener también claro que el ritmo de cada persona para transitar las etapas del duelo es diferente.

“Sin embargo, por lo general, este proceso tiende a extenderse, como mínimo, durante un año. Esto se debe a que el calendario está marcado por fechas y eventos significativos, como la Navidad, que nos enfrentan a la vivencia de estas ocasiones especiales por primera vez sin la presencia de esa persona. Atravesar todas estas experiencias no es tarea fácil”, explica Cecilia Martín, psicóloga y directora del Instituto de Psicología Psicode en España.

También es común experimentar un mayor dolor durante este primer año y observar que las cosas no son como solían ser. Es algo que no nos debe preocupar y no hay razón tampoco para sentirse culpable por experimentar emociones negativas. “Todas estas primeras fechas duelen porque todo es novedoso, y debemos aprender a vivir sin esa persona. Este período implica un reajuste vital que afecta significativamente nuestra existencia, con posibles cambios tanto en nuestra personalidad como en nuestra identidad”, señala Beatriz Bermejo, psicóloga colegiada del Colegio Oficial de Psicólogos de Extremadura, en España.

Además, debemos tener presente que, especialmente durante las primeras celebraciones navideñas, puedan aparecer síntomas físicos como insomnio, dificultad para conciliar el sueño, malestar estomacal, digestiones complicadas o un aumento del nerviosismo. “El cuerpo entero necesita reorganizarse y adaptarse de nuevo: es posible mantener la misma calidad de vida que antes (o al menos alcanzar una buena calidad de vida), pero implica una reestructuración”, agrega Bermejo.

El cambio y la reorganización vital durante este primer año no son procesos sencillos. Requieren tiempo. “A medida que transcurre este, la mente establecerá nuevas asociaciones y recuerdos sin la presencia de esa persona, y gradualmente todo se volverá menos doloroso y más manejable”, concluye Cecilia Martín.

Hablar y recordar a nuestro ser querido durante estas celebraciones navideñas

En palabras de Martín, “las festividades navideñas están destinadas a los niños, quienes suelen disfrutar al máximo de estas celebraciones gracias a la emoción de los regalos y la magia que rodea la Navidad. Sin embargo, para los adultos, en muchas ocasiones, esta época suele ser complicada, ya que en las cenas familiares todos o casi todos echamos de menos a alguien”. Seguramente, muchos compartimos este sentimiento, especialmente cuando la pérdida es aún reciente.

A pesar de ello, es cierto que para muchos las Navidades ofrecen una oportunidad propicia para reunirse y disfrutar de la compañía de la familia, la cual vemos poco durante el resto del año. Es un momento para recordar que estamos presentes y que nos queremos, a pesar de las discusiones y malentendidos. Por lo tanto, si hemos perdido a un ser querido en el último año, es beneficioso y constructivo recordar a esa persona que tanto queríamos y sentir el dolor de su ausencia. Martín destaca la importancia de concedernos el permiso de recordar de manera saludable a esa persona en compañía de la familia, compartiendo buenos recuerdos y permitiéndonos expresar nuestras emociones, incluyendo el llanto.

En cierto sentido, “al hablar y recordar a esa persona, estamos reconociendo que la vida con ella mereció la pena. Por ello, es fundamental conversar y recordar en familia todos los momentos que compartimos”, aconseja Bermejo. En ocasiones, “evitamos hablar por temor a que los demás sufran o por reavivar una herida que aún duele, pero esta herida sigue presente y es necesario que cicatrice. Al hablar de ello, estamos construyendo una narrativa que se integra gradualmente en nosotros, en la búsqueda de esa nueva vida, en el proceso de reconstrucción que debemos emprender”, concluye.

 

Por Miguel Ramudo
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Imagen: ©Shutterstock / Yuganov Konstantin

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