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Se calcula que en 2019 había 1900 millones de mujeres en edad reproductiva en el mundo, de las cuales 1112 millones necesitan planificación familiar. De ellas, 842 millones utilizan métodos anticonceptivos y 270 millones tienen necesidades desatendidas en materia de anticoncepción, según los resultados de un estudio publicado en la prestigiosa revista científica PLoS Med y de datos de las Naciones Unidas recogidos por la Organización Mundial de la Salud.

En líneas generales, los principales métodos anticonceptivos son:

Todos estos métodos funcionan de forma diferente y el único que realmente sirve para evitar tanto los embarazos no deseados como las infecciones de transmisión sexual es el preservativo, ya sea masculino o femenino, así como otros métodos de barrera.

En la actualidad la mayoría de los métodos anticonceptivos se centran en la mujer a excepción de los preservativos y la vasectomía, que son muy limitados en comparación con las opciones femeninas. Esto no quiere decir que no se estén investigando métodos alternativos, pero la baja aceptación tanto entre la población masculina como femenina de estos ha hecho que los laboratorios farmacológicos no muestren interés en su desarrollo.

Técnicamente la anticoncepción masculina no es más complicada que la femenina. Y las pruebas que se han hecho hasta ahora muestran una eficacia que se acerca mucho a la píldora femenina, que no es una cosa perfecta pero que se usa ampliamente”, explica el Dr. Lluís Bassas, andrólogo y endocrinólogo, director del Banco de Semen y del Programa de Donación de la Fundación Puigvert de Barcelona, en España, quien señala que a pesar de no tener una eficacia tan alta como la femenina, la anticoncepción masculina tiene la ventaja de que con un simple prueba, conocida como seminograma, es posible comprobar si el varón ha dejado de producir espermatozoides.

Es la falta de aceptación de estos métodos lo que está causando que su desarrollo sea lento. Por un lado está el prejuicio que se tiene de que los hombres se preocupan poco por su propia salud reproductiva. Por otro, que quien se va a quedar embarazada es la mujer y cabe cuestionarse si ella confiará en su compañero lo suficiente como para creerse que está haciendo una anticoncepción efectiva. Estos dos aspectos son muy subjetivos pero habría que tenerlos en cuenta a la hora de intentar poner en el mercado estos métodos”, añade el experto.

Dos diferentes aproximaciones

Para conseguir un método anticonceptivo masculino farmacológico se está investigando en dos líneas diferentes: la hormonal y la antigénica. En el primer caso se está trabajando en diferentes combinaciones de progestágenos y testosterona, dos tipos diferentes de hormonas relacionadas con la reproducción, que consiguen inhibir la producción de espermatozoides de forma temporal y reversible. Esto no tendría en principio ninguna otra función o afectaría a otras funciones como la sexual, habiendo ya ensayos clínicos muy avanzados que han demostrado su eficacia y seguridad”, explica el Dr. Bassas.

Los anticonceptivos hormonales no buscan suprimir o inhibir la producción de las hormonas, sino que funcionan siguiendo otro principio totalmente contrario. Así, lo que se hace para detener la producción de los espermatozoides es aumentar los niveles de testosterona del hombre, algo que puede parecer un contrasentido. Al administrar esta hormona, bien por vía intramuscular o por vía oral, lo que conseguimos es que su nivel en sangre sea más alto. Por un mecanismo de control biológico se frena su producción en el testículo y así se inhibe la creación de espermatozoides”, continúa explicado el experto.

Este método hormonal en principio es seguro y no supone un riesgo para el hombre, aunque es cierto que se deben tener algunas precauciones en casos concretos como señala el propio Dr. Lluís Bassas. Existe cierto riesgo de hipertratamiento de testosterona, que podría provocar poliglobulia –un exceso de glóbulos rojos–. En teoría tampoco debería administrarse en pacientes con cáncer de próstata, aunque es algo cuestionable, y en casos de hiperplasia de próstata –el crecimiento benigno de la próstata– habría que vigilar de cerca a esas personas”.

Por su parte, la vía antigénica se basa en producir anticuerpos o productos dirigidos contra ciertos antígenos –sustancias que provocan que el sistema inmunitario produzca anticuerpos contra sí mismo– del testículo o del propio espermatozoide. Es lo mismo que se usa para ciertas enfermedades autoinmunes y de esta manera se pretende bloquear la producción de espermatozoides”, añade el andrólogo.

Esta segunda vía está menos explorada y sólo hay algunos estudios con animales y en fases muy iniciales con personas, estando mucho más atrasada que la vía hormonal. Tampoco se sabe exactamente que efectos adversos podrían producir anticuerpos de este tipo. Se sabe que el uso de estas terapias en otras enfermedades reduce nuestras defensas y hay que tener una serie de precauciones en este sentido”.

Falta de interés en su desarrollo

Aunque existe investigación y ensayos que han servido para demostrar tanto la eficacia como la seguridad de estos métodos anticonceptivos, la realidad es que hasta la fecha es imposible acceder a ellos. Se han realizado diferentes trabajos para ver cuál sería el grado de aceptación de estos métodos, con resultados poco esperanzadores, que han desmotivado a la industria farmacéutica en el desarrollo de estas alternativas.

El grado de aceptación entre los hombres es mediano, no muy alto. Y entre las mujeres es más bajo todavía, por una cuestión de confianza. Como las mujeres tienen sus reticencias y entre los hombres en general hay aceptación pero no en su totalidad, los laboratorios particulares no lo ven lo suficientemente claro y las autoridades sanitarias tampoco se han lanzado a una campaña de promoción de estos métodos”, comenta el experto, que señala también que la gran eficacia de la vasectomía, que es relativamente sencilla y en teoría reversible, juega en contra del desarrollo de los productos farmacológicos.

 

Por Miguel Ramudo
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Imagen: ©Shutterstock / rebcenter-moscow

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