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La sarna o escabiosis es una enfermedad dermatológica, es decir, que afecta a la piel. En artículos anteriores hemos explicado que la causan unos ácaros llamados Sarcoptes scabiei, que son unos animalitos diminutos que escarban la epidermis y dejan allí sus heces o excrementos, lo que causa una reacción inmunitaria que se traduce en irritación, picor o comezón y pequeños granos y ampollas en diferentes partes del cuerpo. Además, hemos detallado la forma en la que se contagia y los signos de alerta que nos pueden hacer sospechar de habernos contagiado.

La Dra. Cristina Galván, dermatóloga del Hospital Universitario de Móstoles en Madrid, comenta a Vida y Salud que aunque la sarna afecta la capa más externa de la piel y se podría considerar inofensiva, sino se trata adecuadamente puede acarrear problemas graves de salud.

Esta experta impulsó el programa Dermalawi, que es un proyecto de cooperación internacional que comenzó, ella sola, hace 7 años en Malawi rural. Ahora hay casi 60 dermatólogos voluntarios involucrados. “Nos hemos unido con la finalidad de mejorar la salud dermatológica y facilitar una vida digna a las personas que más lo necesitan”.

Ha tratado más de 45.000 casos de sarna en zonas desatendidas de África y explica cómo, sin tratamiento, los pacientes pueden llegar a complicarse. “Son situaciones horrorosas, la piel toda llena de heridas con pus. Familias enteras que al llegar a su casa o cabaña te dicen ‘llevamos sin dormir seis meses’. Eso es tremendo”. 

Además, el sarcoptes que causa sarna a los humanos -que es similar, pero no el mismo parásito que infesta a otros animales como cerdos, perros o roedores- no se cura de forma espontánea. Si la sarna no se trata adecuadamente y se hace crónica puede causar infecciones secundarias que pueden dañar algunos órganos, como el corazón o el riñón. “Actualmente la sarna no tratada es la primera causa de insuficiencia renal y enfermedad cardiaca en los países en vías de desarrollo”, detalla la Dra. Galván.

“Es una enfermedad causada por una infestación superficial, pero si no se trata puede tener una repercusión horrorosa en la calidad de vida de las personas afectadas. Causa mucho estigma social porque las lesiones inducen al rascado continuo y pueden llegar a ser muy llamativas y si aun así no se trata, puede llegar a causar enfermedades graves”.

Esta experta concluye señalando que ahora es muy buen momento para afrontar el problema “porque todos tenemos la preocupación y la OMS le ha dado importancia como objetivo preferente en la nueva hoja de ruta contra las enfermedades desatendidas. En estas circunstancias, creo que es más fácil desarrollar iniciativas de investigación y buscar colaboraciones y ayudas para ponerlas en marcha”.

 

Por Karla Islas Pieck
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Imagen: ©Shutterstock / Mykola Samoilenko

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