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Un equipo de investigadores del Reino Unido ha realizado una revisión paraguas (un análisis de diversos estudios) sobre los riesgos del vapeo en jóvenes. Tras estudiar 56 revisiones que incluían 384 investigaciones, los resultados son claros: vapear no es tan inocente como muchos piensan. El hábito está relacionado con un mayor consumo posterior de tabaco, marihuana y alcohol, y además se vincula a asma, tos, lesiones físicas e incluso problemas de salud mental.

El trabajo, publicado en la revista Tobacco Control, se presenta como la evaluación más amplia hasta ahora de los efectos del vapeo en adolescentes y jóvenes.

Qué encontraron los investigadores

El equipo liderado por el Dr. Greg Hartwell, de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, resume así los hallazgos más consistentes:

  • Quienes vapean tienen hasta tres veces más probabilidades de empezar a fumar tabaco.
  • También aumenta el riesgo de consumir marihuana, alcohol y practicar el binge drinking.
  • Entre los problemas respiratorios, el asma es el más frecuente, seguido de tos y bronquitis.
  • Se han documentado lesiones por explosiones de dispositivos, además de efectos en la salud oral, fertilidad y síntomas como migrañas o mareos.
  • Hay señales preocupantes de relación con depresión, ideación suicida y otras dificultades de salud mental.

Qué opinan los expertos

Una investigación sólida pero con matices

Para la Dra. Francisca López Torrecillas, catedrática de Psicología en la Universidad de Granada, el artículo es un trabajo “sólido y riguroso”. Explica en declaraciones al Science Media Center de España que:

“Es un artículo de alta calidad científica, con impacto directo en el debate sobre regulación del vapeo juvenil. Aporta una visión amplia y necesaria, mostrando asociaciones claras con riesgos físicos y mentales. Aunque la mayoría de los estudios son observacionales, la consistencia de los hallazgos refuerza la necesidad de actuar”.

Cautela con la causalidad

El estadístico Stephen Burgess, de la Universidad de Cambridge, recuerda que correlación no significa causa:

“Los usuarios de cigarrillos electrónicos muestran mayor riesgo de múltiples problemas de salud, pero no podemos afirmar con certeza que el vapeo los provoque directamente. Aun así, la magnitud de las asociaciones es preocupante”.

Falta evidencia más robusta

Por su parte, Ann McNeill, experta en adicción al tabaco del King’s College de Londres, pide precaución en la interpretación:

“La mayoría de revisiones son de calidad baja. Los resultados muestran asociaciones, pero no pruebas concluyentes de causalidad. En algunos contextos poblacionales incluso se observa lo contrario: a mayor vapeo juvenil, menor tabaquismo. Necesitamos más estudios de calidad antes de llegar a conclusiones definitivas”.

Implicaciones para la salud pública

Pese a las limitaciones, los investigadores coinciden en un mensaje: el vapeo no es inocuo y los jóvenes son un grupo especialmente vulnerable. Las conclusiones respaldan políticas más estrictas sobre:

  • Restricciones de venta y publicidad de cigarrillos electrónicos a menores.
  • Control de sabores y diseños atractivos para adolescentes.
  • Campañas de prevención y contra-marketing frente a la industria.

Preguntas y respuestas

¿Qué es una “revisión paraguas”?

Es un tipo de estudio que recopila y resume los resultados de múltiples revisiones sistemáticas, ofreciendo una visión más global y robusta de la evidencia científica.

¿Qué riesgos del vapeo se han identificado en jóvenes?

Mayor probabilidad de empezar a fumar, consumir sustancias, sufrir asma, tos, bronquitis, lesiones físicas y problemas de salud mental.

¿El vapeo provoca directamente estos problemas?

No se puede afirmar con certeza. La mayoría de los estudios son observacionales, por lo que muestran asociación, no causalidad definitiva.

¿El vapeo es menos dañino que fumar tabaco?

Aunque algunos lo presentan como “alternativa más segura”, esta revisión muestra que el vapeo en jóvenes está lejos de ser inocuo y puede abrir la puerta al tabaquismo.

¿Qué recomiendan los expertos?

Reforzar las políticas públicas, limitar la publicidad dirigida a adolescentes y promover campañas de concienciación para frenar su expansión entre los jóvenes.

Por Karla Islas Pieck
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Imagen: ©Shutterstock / New Africa

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