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La terapia con oxígeno administrada a largo plazo en el domicilio puede ayudar a las personas con enfermedades pulmonares crónicas (la enfisema, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica o EPOC, el asma) a sentirse mejor, ser más activos y pensar con mayor claridad. Además, puede reducir el riesgo de algunas complicaciones, como los problemas del corazón y de los vasos sanguíneos, así como la necesidad de ingresar al hospital.

La Mayo Clinic nos ofrece información y sugerencias sobre el uso del oxígeno en casa.

Portabilidad: Las fuentes de oxígeno actuales son más fáciles de usar, más ligeras y más portátiles que antes. Anteriormente, se utilizaban grandes tanques de acero que casi impedían salir de casa a quienes necesitaban oxígeno. Si bien esas fuentes inmóviles de oxígeno todavía son útiles por su capacidad, ahora existen otras fuentes portátiles que incluyen tanques más ligeros con oxígeno líquido y gas comprimido. Otra alternativa es un concentrador portátil de oxígeno, que consiste en una máquina que extrae oxígeno del aire ambiental, requiere una fuente de poder y tiene pilas recargables o un adaptador de corriente.

Comodidad: A fin de inhalar el oxígeno, la mayoría de personas usa una cánula nasal, o sea un sistema de mangueras que conecta los orificios nasales con la fuente de oxígeno. El sistema de cánula nasal se compone de dos puntas que descansan dentro de los orificios nasales y se conectan a dos mangueras apoyadas sobre las orejas que luego se juntan bajo del mentón. Este método es conveniente, pero puede irritar los conductos nasales. Por ello, el médico posiblemente recomiende para más comodidad que se aplique un rociador nasal o un lubricante a base de agua, como la jalea K-Y. De lo contrario, también se puede añadir un humidificador a la unidad estacionaria de oxígeno para uso en casa a fin de disminuir los efectos secantes del oxígeno.

Seguridad: El oxígeno mismo no es explosivo, pero puede acelerar rápidamente un incendio, incluso a partir de una chispa o una brasa. Cuando se usa oxígeno, se debe evitar todo tipo de llama abierta y material inflamable, tal como los productos derivados del petróleo, el alcohol de fricción, la gasolina, los disolventes de la pintura, los líquidos de limpieza, los aerosoles como los rociadores contra insectos y los protectores solares, y las cremas para la cara o los productos para el cabello a base de aceite o alcohol.

Los recipientes del oxígeno deben guardarse en una zona ventilada, no dentro de un armario, ni detrás de las cortinas ni debajo de ropa. Con el transcurso del tiempo, los recipientes del oxígeno dejan escapar pequeñas cantidades y cuando se acumula oxígeno dentro de un espacio pequeño, eso potencialmente plantea un peligro de incendio.

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Imagen © Thinkstock / Emine Donmaz

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